Performance Politico en Zamora- Parte 2

 

Abriendo brecha para el performance político en Zamora, Michoacán. Por Antonio Prieto (continuación)

Público de Lisístrata contra la guerra, Casona Pardo, 3 de marzo, 03

 

Días después, me llegó un mensaje electrónico de Tito Vasconcelos, quien me invitó a unirme desde Zamora al proyecto de teatro global “Lysistrata Project”, convocado desde Nueva York por Kathryn Blume y Sharron Brower. Tito me dijo que en la Ciudad de México él, Jesusa Rodríguez y otros actores preparaban una versión de la comedia griega para coincidir con las representaciones que se harían en diferentes países el 3 de marzo. Intrigado, visité la página de Internet www.lysistrataproject.com para saber de qué se trataba. Me emocionó mucho la idea: montar Lisístrata de Aristófanes, para hacer una declaración contra la guerra, vista en su dimensión de patriarcalismo bélicista ante el cual se enfrentan las mujeres con su inteligencia y astucia mediante una “huelga de sexo”. Sin embargo, no sabía si en el poco tiempo que faltaba para la citada fecha podríamos realizar la puesta en escena, especialmente dado que la tradición teatral en Zamora es prácticamente inexistente. Inmediatamente, mandé correos electrónicos y realicé llamadas telefónicas para convocar al grupo Movimiento Contra la Guerra, así como a otras personas que hacen teatro estudiantil en la ciudad. El factor decisivo fue Olimpia Salinas, actriz y maestra de comunicación y teatro en la Universidad de Zamora. Olimpia se identificó inmediatamente con el proyecto e involucró a sus alumnos para interpretar a los personajes de la comedia. Decidimos que ella interpretaría a Lisístrata y realizaría la asistencia de dirección, mientras que yo trabajaría como director y dramaturgo. A diferencia de la mayoría de las representaciones que se harían el 3 de marzo, acordamos que la nuestra no sería una lectura de la obra, sino una puesta en escena basada en la improvisación.

Adapté el libreto a sus líneas básicas, de modo que los actores supieran cuál era el objetivo de cada escena y prescindieran de aprenderse parlamentos o cargar papeles. Nuestra traducción (del lingüista mexicano Ángel Ma. Garibay) es sumamente coloquial, pero le dimos libertad a los actores que actualizaron las expresiones, cosa que lo hicieron con mucha efectividad. Nos preocupaba un poco que el "tono subido" de las referencias sexuales escandalizara al público de la conservadora comunidad. Pero uno de los colegas zamoranos que se unió al reparto nos dijo que, mientras no criticáramos a la Iglesia o al Papa, todo estaría bien. Una vez convocado el grupo, que consistió de 15 personas, incluyendo al genial Venicio Arvizú, responsable de la utilería, así como asistentes de producción y músicos, dimos inicio a los ensayos el sábado 1 de marzo. Trabajamos sin parar ese fin de semana, hasta que el lunes 3 parecía que podríamos hacer una presentación mínimamente comprensible, a pesar de que no hubo tiempo de hacer un ensayo general.
El cuerpo principal de la obra – que llamamos Lisístrata contra la guerra – se desarrolló en la antigua Casona Pardo, uno de los pocos edificios coloniales que sobreviven en el centro de Zamora, en una esquina de la Plaza Central. El inmueble está bajo jurisdicción del Instituto Michoacano de Cultura, pero se encuentra muy descuidado por falta de iniciativa de las autoridades locales por restaurarlo. Ensayamos todo el día en medio de polvo y basura, instalamos la iluminación y las sillas en el patio central. El grupo musical Chroma Volat nos acompañó durante la jornada para definir la musicalización del espectáculo. Habíamos anunciado el inicio para las 7:00 pm y, antes de que nos sintiésemos preparados, la hora llegó y tuvimos que comenzar con lo que teníamos. Domamos el pánico y adoptamos las posiciones correspondientes, principalmente en la Plaza Central, donde arrancamos con una escena que no se encuentra en la obra de Aristófanes, pero que introdujimos a fin de llamar la atención de la gente de la calle y realizar un ‘convite’ para que entraran a la Casona y disfrutaran de la obra.
Es así como ‘asaltamos’ la Plaza Central, a donde las actrices llegaron corriendo con banderines rojos gritando “¡Guerra, guerra, ya empezó la guerra, vengan a ver la batalla!”, para anunciar la escena de batalla entre soldados atenienses y espartanos. Cuando la lucha entre los cinco soldados alrededor del kiosco había logrado capturar la atención de los transeúntes, llegaron unos mensajeros de Atenas (yo) y Esparta (Reynaldo Rico) cargando antorchas y anunciando la rebelión de mujeres, su huelga de sexo con el fin de obligar a sus maridos a parar la guerra. Los espectadores estaban atónitos, algunos reían y otros mostraban un rostro consternado. Los policías de la plaza corrían nerviosamente por todas partes preguntando quiénes éramos, de dónde veníamos, y uno fue visto hablando por su walkie-talkie mientras informaba a su jefe: “parece que se trata de un grupo anti-guerra”.

Lisístrata (Olimpia Salinas) describe su plan. Casona Pardo, Zamora, 3 de marzo, 03
Lisístrata se enfrenta a los guardias

 

Mientras tanto, la obra continuó. Los soldados preguntaron a los heraldos dónde se efectuaba semejante rebelión de mujeres, y éstos anunciaron que era en Atenas, apuntando a la Casona Pardo. El grupo de actores nos dirigimos al edificio, seguidos por unas 60 personas que se unieron a otros espectadores que ya se encontraban sentados en el patio interior. En total, sumaron más de 100 espectadores (lo que nos emocionó, ya que esperábamos la mitad) y la falta de sillas obligó a que muchos tuvieran que permanecer de pie. Yo hice el papel de maestro de ceremonias y narrador, explicando el proyecto Lisístrata, así como la urgencia de protestar en contra de la inminente guerra. La obra se desarrolló con asombrosa agilidad, gracias a la energía y capacidad de improvisación que demostró el grupo entero. Como innovaciones introdujimos un número de ‘aerobics’ griego (cuando la espartana Lampito muestra a las mujeres su gimnasia), y un coro a ritmo de rap, que mostraba a mujeres y hombres enfrentándose verbalmente a la 8 Mile.
En la última escena, cuando Lisístrata y los embajadores negociaban la paz, congelamos la acción y en mi papel de MC, pedí al público que votara si quería que las negociaciones de Lisístrata llevaran a la paz, o que se rompiesen dando inicio a la guerra. Hice referencia explícita al momento crítico que enfrentaba el Consejo de Seguridad de la ONU, del que México es miembro no-permanente, y por lo tanto la necesidad de que hiciéramos un llamado al presidente Vicente Fox para que se manifestara enérgicamente contra la guerra. Obviamente, todo el público votó por la paz y la obra concluyó con un bailongo al que se unieron varios espectadores.

 

A pesar de que montamos todo en tres días, así como la limitada experiencia profesional del grupo, el resultado fue bastante satisfactorio, lo que se reflejó en la entusiasta respuesta del público, así como las reseñas positivas de los periódicos locales el día siguiente. La prensa centralista de la Ciudad de México nos ignoró, y apenas hizo referencia a las otras versiones de Lisístrata que se realizaron en Morelia, Guanajuato, Tepic y Querétaro. La versión de Jesusa Rodríguez fue, según supimos, un éxito. Ahora preparamos una nueva puesta en escena de Lisístrata contra la guerra, que estrenará a principios de mayo con el mismo equipo, ahora bautizado Teatro del Tercer Día.

Las experiencias de performance político anti-guerra arriba descritas son una modesta contribución al movimiento global que no ha dejado de protestar contra las atrocidades que vive actualmente el Medio Oriente. Es notable cómo se ha recurrido a la teatralidad y al performance, convocando a personas alrededor del mundo que nunca antes habían trabajado con estos medios de expresión. Quizás como nunca antes en la historia, el teatro y el performance público se han globalizado para acompañar esta movilización política internacional. En Zamora, la reacción frente al movimiento anti-guerra ha sido a tal grado positiva, que actualmente representantes de sectores tan diversos como la Iglesia católica y miembros del PRD (Partido de la Revolución Democrática, de la oposición centro-izquierda) salen a las calles para protestar. Y esto no debe sorprendernos, ya que incluso el Papa se ha pronunciado en contra de la guerra. Es por ello que a las manifestaciones en Zamora y otras ciudades han acudido desde grupos católicos vestidos de blanco y marchando silenciosamente con velas, hasta activistas de izquierda que hacen explícito el discurso anti-imperialista quemando banderas estadounidenses en las plazas o frente a la embajada de EEUU.

Desafortunadamente, las manifestaciones masivas han caído en oídos sordos y Washington, junto con Gran Bretaña, Australia y España, dieron inicio a la invasión de Irak el 20 de marzo. Mientras escribo esto hacia mediados de abril, George W. Bush y Tony Blair están ansiosos de declarar la victoria frente a un escenario de muerte, destrucción y caos social injustificados. Al igual que pasó con Bin Laden en Afganistán, Hussein está prófugo, pero Estados Unidos asegura el control de la región y de sus recursos. No obstante este panorama de hegemonía beligerante planteado por Bush y sus pocos aliados, las manifestaciones globales continúan resistiendo. Es de esperarse que el performance político siga jugando un papel fundamental en esta movilización global.

 

 

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