| Abriendo brecha para el performance político en Zamora, Michoacán. Por Antonio Prieto (continuación) |
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Días después,
me llegó un mensaje electrónico de Tito Vasconcelos, quien me
invitó a unirme desde Zamora al proyecto de teatro global Lysistrata
Project, convocado desde Nueva York por Kathryn Blume y Sharron Brower.
Tito me dijo que en la Ciudad de México él, Jesusa Rodríguez
y otros actores preparaban una versión de la comedia griega para coincidir
con las representaciones que se harían en diferentes países el
3 de marzo. Intrigado, visité la página de Internet www.lysistrataproject.com
para saber de qué se trataba. Me emocionó mucho la idea: montar
Lisístrata de Aristófanes, para hacer una declaración contra
la guerra, vista en su dimensión de patriarcalismo bélicista ante
el cual se enfrentan las mujeres con su inteligencia y astucia mediante una
huelga de sexo. Sin embargo, no sabía si en el poco tiempo
que faltaba para la citada fecha podríamos realizar la puesta en escena,
especialmente dado que la tradición teatral en Zamora es prácticamente
inexistente. Inmediatamente, mandé correos electrónicos y realicé
llamadas telefónicas para convocar al grupo Movimiento Contra la Guerra,
así como a otras personas que hacen teatro estudiantil en la ciudad.
El factor decisivo fue Olimpia Salinas, actriz y maestra de comunicación
y teatro en la Universidad de Zamora. Olimpia se identificó inmediatamente
con el proyecto e involucró a sus alumnos para interpretar a los personajes
de la comedia. Decidimos que ella interpretaría a Lisístrata y
realizaría la asistencia de dirección, mientras que yo trabajaría
como director y dramaturgo. A diferencia de la mayoría de las representaciones
que se harían el 3 de marzo, acordamos que la nuestra no sería
una lectura de la obra, sino una puesta en escena basada en la improvisación.
Adapté el libreto
a sus líneas básicas, de modo que los actores supieran cuál
era el objetivo de cada escena y prescindieran de aprenderse parlamentos o cargar
papeles. Nuestra traducción (del lingüista mexicano Ángel
Ma. Garibay) es sumamente coloquial, pero le dimos libertad a los actores que
actualizaron las expresiones, cosa que lo hicieron con mucha efectividad. Nos
preocupaba un poco que el "tono subido" de las referencias sexuales
escandalizara al público de la conservadora comunidad. Pero uno de los
colegas zamoranos que se unió al reparto nos dijo que, mientras no criticáramos
a la Iglesia o al Papa, todo estaría bien. Una vez convocado el grupo,
que consistió de 15 personas, incluyendo al genial Venicio Arvizú,
responsable de la utilería, así como asistentes de producción
y músicos, dimos inicio a los ensayos el sábado 1 de marzo. Trabajamos
sin parar ese fin de semana, hasta que el lunes 3 parecía que podríamos
hacer una presentación mínimamente comprensible, a pesar de que
no hubo tiempo de hacer un ensayo general.
El cuerpo principal de la obra que llamamos Lisístrata contra
la guerra se desarrolló en la antigua Casona Pardo, uno de los
pocos edificios coloniales que sobreviven en el centro de Zamora, en una esquina
de la Plaza Central. El inmueble está bajo jurisdicción del Instituto
Michoacano de Cultura, pero se encuentra muy descuidado por falta de iniciativa
de las autoridades locales por restaurarlo. Ensayamos todo el día en
medio de polvo y basura, instalamos la iluminación y las sillas en el
patio central. El grupo musical Chroma Volat nos acompañó durante
la jornada para definir la musicalización del espectáculo. Habíamos
anunciado el inicio para las 7:00 pm y, antes de que nos sintiésemos
preparados, la hora llegó y tuvimos que comenzar con lo que teníamos.
Domamos el pánico y adoptamos las posiciones correspondientes, principalmente
en la Plaza Central, donde arrancamos con una escena que no se encuentra en
la obra de Aristófanes, pero que introdujimos a fin de llamar la atención
de la gente de la calle y realizar un convite para que entraran
a la Casona y disfrutaran de la obra.
Es así como asaltamos la Plaza Central, a donde las actrices
llegaron corriendo con banderines rojos gritando ¡Guerra, guerra,
ya empezó la guerra, vengan a ver la batalla!, para anunciar la
escena de batalla entre soldados atenienses y espartanos. Cuando la lucha entre
los cinco soldados alrededor del kiosco había logrado capturar la atención
de los transeúntes, llegaron unos mensajeros de Atenas (yo) y Esparta
(Reynaldo Rico) cargando antorchas y anunciando la rebelión de mujeres,
su huelga de sexo con el fin de obligar a sus maridos a parar la guerra. Los
espectadores estaban atónitos, algunos reían y otros mostraban
un rostro consternado. Los policías de la plaza corrían nerviosamente
por todas partes preguntando quiénes éramos, de dónde veníamos,
y uno fue visto hablando por su walkie-talkie mientras informaba a su jefe:
parece que se trata de un grupo anti-guerra.
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Lisístrata
(Olimpia Salinas) describe su plan. Casona Pardo, Zamora, 3 de marzo,
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Lisístrata
se enfrenta a los guardias
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Mientras tanto, la obra
continuó. Los soldados preguntaron a los heraldos dónde se efectuaba
semejante rebelión de mujeres, y éstos anunciaron que era en Atenas,
apuntando a la Casona Pardo. El grupo de actores nos dirigimos al edificio,
seguidos por unas 60 personas que se unieron a otros espectadores que ya se
encontraban sentados en el patio interior. En total, sumaron más de 100
espectadores (lo que nos emocionó, ya que esperábamos la mitad)
y la falta de sillas obligó a que muchos tuvieran que permanecer de pie.
Yo hice el papel de maestro de ceremonias y narrador, explicando el proyecto
Lisístrata, así como la urgencia de protestar en contra de la
inminente guerra. La obra se desarrolló con asombrosa agilidad, gracias
a la energía y capacidad de improvisación que demostró
el grupo entero. Como innovaciones introdujimos un número de aerobics
griego (cuando la espartana Lampito muestra a las mujeres su gimnasia), y un
coro a ritmo de rap, que mostraba a mujeres y hombres enfrentándose verbalmente
a la 8 Mile.
En la última escena, cuando Lisístrata y los embajadores negociaban
la paz, congelamos la acción y en mi papel de MC, pedí al público
que votara si quería que las negociaciones de Lisístrata llevaran
a la paz, o que se rompiesen dando inicio a la guerra. Hice referencia explícita
al momento crítico que enfrentaba el Consejo de Seguridad de la ONU,
del que México es miembro no-permanente, y por lo tanto la necesidad
de que hiciéramos un llamado al presidente Vicente Fox para que se manifestara
enérgicamente contra la guerra. Obviamente, todo el público votó
por la paz y la obra concluyó con un bailongo al que se unieron varios
espectadores.
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A pesar de que montamos
todo en tres días, así como la limitada experiencia profesional
del grupo, el resultado fue bastante satisfactorio, lo que se reflejó
en la entusiasta respuesta del público, así como las reseñas
positivas de los periódicos locales el día siguiente. La prensa
centralista de la Ciudad de México nos ignoró, y apenas hizo referencia
a las otras versiones de Lisístrata que se realizaron en Morelia, Guanajuato,
Tepic y Querétaro. La versión de Jesusa Rodríguez fue,
según supimos, un éxito. Ahora preparamos una nueva puesta en
escena de Lisístrata contra la guerra, que estrenará a principios
de mayo con el mismo equipo, ahora bautizado Teatro del Tercer Día.
Las experiencias de performance
político anti-guerra arriba descritas son una modesta contribución
al movimiento global que no ha dejado de protestar contra las atrocidades que
vive actualmente el Medio Oriente. Es notable cómo se ha recurrido a
la teatralidad y al performance, convocando a personas alrededor del mundo que
nunca antes habían trabajado con estos medios de expresión. Quizás
como nunca antes en la historia, el teatro y el performance público se
han globalizado para acompañar esta movilización política
internacional. En Zamora, la reacción frente al movimiento anti-guerra
ha sido a tal grado positiva, que actualmente representantes de sectores tan
diversos como la Iglesia católica y miembros del PRD (Partido de la Revolución
Democrática, de la oposición centro-izquierda) salen a las calles
para protestar. Y esto no debe sorprendernos, ya que incluso el Papa se ha pronunciado
en contra de la guerra. Es por ello que a las manifestaciones en Zamora y otras
ciudades han acudido desde grupos católicos vestidos de blanco y marchando
silenciosamente con velas, hasta activistas de izquierda que hacen explícito
el discurso anti-imperialista quemando banderas estadounidenses en las plazas
o frente a la embajada de EEUU.
Desafortunadamente, las manifestaciones masivas han caído en oídos sordos y Washington, junto con Gran Bretaña, Australia y España, dieron inicio a la invasión de Irak el 20 de marzo. Mientras escribo esto hacia mediados de abril, George W. Bush y Tony Blair están ansiosos de declarar la victoria frente a un escenario de muerte, destrucción y caos social injustificados. Al igual que pasó con Bin Laden en Afganistán, Hussein está prófugo, pero Estados Unidos asegura el control de la región y de sus recursos. No obstante este panorama de hegemonía beligerante planteado por Bush y sus pocos aliados, las manifestaciones globales continúan resistiendo. Es de esperarse que el performance político siga jugando un papel fundamental en esta movilización global.
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