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Lowell Fiet
Universidad de Puerto Rico-Río Piedras
Claridad
"Teresa Hernández:
la nueva acción y escritura teatral puertorriqueño"
No sería una exageración
decir que Teresa Hernández es la artista teatral más completa
y compenetrante que trabaja en Puerto Rico hoy en día. Sus impresionantes
proyectos Acceso controlado (1995) y La nostalgia del quinqué (1999),
y varias otras piezas cortas (algunas de ellas incluidas en este volumen),
muestran un nivel avanzado y a veces arriesgado de desarrollo de una nueva
estética, temática y escritura teatral. Como escritora-performera
de sus obras, Teresa genera su propio texto mientras mantiene control
sobre su cuerpo como instrumento de comunicación, y del espacio
teatro como ambiente vivo y multidimensional. En ese sentido es dramaturga,
directora y performera a la vez. Su texto hablado baila en la misma forma
precisa y compleja que los gestos de su movimiento corporal dibujan las
texturas imaginarias de un contexto específico social que es real
y creíble. Al explorar las ansiedades de la vida cotidiana puertorriqueña
en general, sus acciones y movimientos indagan teatralmente sobre la transversalidad
de issues de género, clase y raza dentro de la condición
colonial, la violencia social y doméstica, la identidad étnica,
lingüística y cultural, y hasta la posmodernidad estética-intelectual
como construcción elitista y asimilista. Si lo hablado baila .
. . y el movimiento dibuja . . . ¿qué es precisamente lo
que Teresa hace? ¿danza? ¿danza-teatro? ¿performance?
¿monólogo? ¿teatro? ¿one-woman show? o ¿qué?
Pues, todo esto, y más aún.
I
Algunas aclaraciones son necesarias para entender, ubicar y apreciar el
trabajo teatral de Teresa Hernández dentro del panorama creativo
del teatro puertorriqueño actual. Primero, debemos señalar
que existen por lo menos dos corrientes principales dentro del quehacer
teatral del país: (1) el teatro convencional y/o comercial --por
equivocación a veces llamado "profesional"-- de las salas
de teatro oficialistas y (2) el "otro" teatro que es "experimental",
"alternativo" o "cultural" --es este último
término que usaremos en este ensayo-- como ha sido definido. (Las
generalizaciones frecuentemente esquivan detalles y excepciones. En este
caso la separación entre "convencional" y "cultural"
no es completa ni absolutamente discreta. Sin embargo, casi cada producción
teatral local se ubica dentro de una u otra de estas dos corrientes. Por
ejemplo, el autoproclamado "teatro nacional" a veces comparte
aspectos --especialmente los intereses temáticos-- del teatro cultural
pero generalmente sigue los patrones y procesos del teatro convencional.)
Segundo, los dos teatros se diferencian, en parte, porque el teatro convencional
depende del texto dialogado de un drama o cuento en que los actores interpretan
personajes que se hablan y corelacionan entre sí para crear la
ilusión de la vida real. Este tipo de representación usualmente
funciona mejor dentro del espacio establecido por la arquitectura y maquinaria
del escenario de un teatro tradicional como son las salas del Centro de
Bellas Artes, el Teatro Tapia, el Museo de Arte de Puerto Rico, el Teatro
La Perla en Ponce y otros teatros de la isla. Muchas veces el teatro cultural
hace precisamente lo mismo: los actores funcionan a base de un texto escrito
para representar una acción dramática. Sin embargo, escrito
o no el texto del teatro cultural, se trata de una búsqueda de
expresión corporal, verbal, plástica y visual más
allá de crear una ilusión de la vida real que dé
nuevas dimensiones temáticas y kinestéticas que comuniquen
directamente con su público --usualmente un público no acostumbrado
a asistir al teatro convencional o por una razón u otra distanciado
de ello. Por eso aunque el teatro cultural a veces comparte salas de teatro
con el teatro convencional, sus espacios más frecuentes son más
variados. Ejemplos incluyen la Casa Aboy, los teatros, anfiteatros, glorietas
y placitas de la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras, las escaleras
del Capitolio, la galería-teatro del Ateneo Puertorriqueño,
casi cualquier plaza pública, el teatrito del Convento de Dominicos,
un parque en el centro del Condado, el Teatrito Estudio Yerbabruja en
Río Piedras, los teatros y/o espacios comunes de los colegios universitarios
regionales y privados, los centros de comunidad en barriadas y residenciales,
los teatros de pueblos de la isla, el Fortín El Conde de Mirasol
en Vieques, etcétera.
Tercero, mientras el teatro convencional incorpora las artes escénicas
del diseño y realización de escenografía, luces,
vestuario, maquillaje y música para crear un sentido de unidad
orgánica y ambiental dentro de un espacio encerrado y fijo, el
teatro cultural proyecta un posible entretejido de otras artes formales
y populares y técnicas de performance. De esta manera, danza, pantomima,
artes marciales, pintura, escultura, canto y música viva y experimental
se entremezclan con elementos de circo, cabaret, carnaval, procesiones,
paradas y fiestas populares, la informalidad de programas televisados
y el montage cinematográfico de imágenes visuales. Los ingredientes
creativos coexisten de forma semi-independiente como parte de un collage
o mosaico teatral sin la necesidad de estar completamente integrado dentro
de un cuento o escenario unido. Por eso, tal vez, los críticos
a veces preguntan si una u otra obra del teatro cultural es un ejemplo
de ¿teatro-danza, teatro-mimo, teatro físico o teatro total?,
si es ¿un monólogo, un drama individual o una improvisación?
o tal vez es ¿teatro de máscaras, una instalación,
carnavalesco o sencillamente performance?
Cuarto, hay un público distanciado del teatro convencional. Las
razones de este distanciamiento han sido articuladas de varias maneras:
la falta de una verdadera tradición teatral como elemento de base
de la cultura puertorriqueña, los altos precios de boletos para
las producciones en salas oficialistas, el aislamiento demográfico
de poblaciones que viven marginadas de la cultura de la clase media y,
tal vez más congruente, los cambios socio-culturales que hacen
disponibles los nuevos entretenimientos de la panoplia de placeres hedonistas
cotidianos --autos, shopping malls, cable TV, cine hollywoodense, computadoras
personales y acceso al Internet, beepers y teléfonos celulares,
las drogas, conciertos de "rock", música local y global
en cinta y CD, cinta de video y DVD, etcétera-- de una sociedad
posmoderna de altos niveles de consumo y ociosidad.
Dentro de este ambiente el teatro convencional pierde su valor de mercancía
y para reganarlo ha intentado competir con la sociedad de consumo al repetir
las fórmulas de éxito de la televisión y el cine.
Por eso, muchas producciones "profesionales" son sensacionalistas,
crudas y/o tontas, con repartos de artistas conocidos de la televisión,
y utilizan el sexo y el idioma y los gestos soeces, entre otras medidas,
para exitosamente atraer a un público. Sin embargo, dentro de este
ambiente el teatro tradicional serio de obras del repertorio internacional
y nacional ha visto su público disminuir notablemente. Producciones
que hace una década hubieran estado programadas para la Sala de
Drama René Marqués en el Centro de Bellas Artes o el Teatro
Tapia ya optan por la "salita" Experimental Carlos Marichal
de Bellas Artes o la galería-teatro del Ateneo Puertorriqueño.
De esta manera pueden disminuir los gastos de alquiler y producción,
y casi garantizar una sala llena para seis a nueve funciones, aún
si cuenta con sólo 150 butacas en vez de 500 o más. (Debemos
subrayar el hecho de que las producciones del teatro convencional frecuentemente
reciben subvenciones sustanciales del gobierno de Puerto Rico, especialmente
a través del Instituto de Cultura Puertorriqueña y sus festivales
de Teatro Internacional y Teatro Puertorriqueño. Artistas individuales
y grupos del teatro cultural también reciben subvenciones pero
raramente son las mismas cantidades.)
El teatro cultural no ha tenido que competir con la sociedad de consumo
de la misma forma que el teatro convencional. Parte de la razón
es económica, pues existe fuera de la estructura onerosa del alquiler
de las salas oficialistas, y sus gastos de producción son menos
por no tener la misma dependencia de escenografía, vestuario y
luces y técnicos para manejarlos. Sin embargo, de más peso
es el hecho de que las producciones del teatro cultural usualmente no
están dirigidas a un público generalizado o anónimo
sino a públicos o poblaciones identificables y especiales que tiene
intereses, experiencias, lugares u otras características en común.
En Puerto Rico hay públicos vanguardistas, universitarios, políticos,
culturales y ambientalistas, de comunidades terapéuticas, de residenciales,
de pueblos aislados, de uniones y asociaciones profesionales, y de poblaciones
heterogéneas y homogéneas, y muchas veces coinciden e intersectan
en las producciones del teatro cultural. Para acercarse mejor a su(s)
público(s) formado(s) dentro de la sociedad de consumo, el teatro
cultural, primero, entra en un discurso interactivo que analiza y critica
la inescapable posmodernidad consumista de nuestro diario vivir, y segundo,
incorpora, aún si con un gran sentido de ironía, aspectos
de su tecnología, su sentido fragmentado de tiempo, espacio y movimiento
y su habilidad de establecer conexiones virtuales con intereses y comunidades
globales.
Un factor final nos ayudará a ubicar a Teresa Hernández
y su contribución artística dentro del teatro puertorriqueño.No
importa si ha sido escribir, dirigir o performar, las mayores contribuciones
artísticas al teatro puertorriqueño muestran una innegable
creatividad femenina. Sería bastante fácil pasar este hecho
por alto si uno asiste sólo al teatro convencional o lee sólo
la crítica periodística o la historia existente de éste.
Los nombres de Piri Fernández de Lewis, Victoria Espinosa, Myrna
Casas, Gilda Navarra, Lydia Milagros González, Rosa Luisa Márquez,
Maritza Pérez, Viveca Vázquez, Teresa Marichal y Teresa
Hernández, entre muchas otras (y no he incluidos nombres conocidos
principalmente asociados a la actuación), resaltan como creadoras
de textos y/o movimientos teatrales originales e innovadores desde los
años 50 hasta el presente. No pretendo establecer un contexto aparte
llamado la "creatividad femenina" en que debemos tratar el trabajo
de Teresa Hernández y las demás dramaturgas y forjadoras
de textos teatrales. Al contrario, debemos reafirmar la presencia de dramaturgas-directoras-creadoras
como céntrica y principal dentro de los teatros convencional y
cultural. Si este hecho se ha ignorado en las versiones publicadas de
la historia del teatro puertorriqueño --como en general ha sido
ignorado el teatro cultural-- ya es el momento de re-escribir esa historia
parcial y prejuiciada, y ¿qué lugar mejor para empezar que
el trabajo de Teresa Hernández?
II
Vi a Teresa Hernández performar su personaje Isabella --crítica-esteta-comentarista--
en 1992 como parte del programa de danza Kan't translate, organizada y
coordinada por Viveca Vázquez y el Taller de Otra Cosa en el anfiteatro
Julia de Burgos de la Universidad de Puerto Rico. En coordinación
con su socio, el igualmente exquisito crítico-comentarista-esteta-conocedor
de "Todo los ismos menos el insularismo", Fernando, performado
por Edgardo Alegría, Isabella capturó de inmediato un espacio
irónico y crítico --a veces cáustico, otras veces
seudo-serio y otras pura farsa-- dentro de los discursos televisados/
periodísticos de la intelectualidad, arte y cultura de la alta
sociedad del país. Isabella y Fernando conversaron y actuaron pero
también movieron de forma estilizada --primero exagerada, entonces
fluida, después mecánica y siempre todas mezcladas-- usando
sus cuerpos para subrayar, dibujar y grabar su discurso en el espacio
teatral y la imaginación del público. Fue una acción
hablada y danzada a la vez. Fue una interpretación discursiva-intelectual
pero también fisicalizada y corporal. Fue "todo un performance"
que concluye con este diálogo memorable:
Isabella: . . . Una emoción que no se puede traducir. (Mira a Fernando.)
It's a feeling that I can't translate.
Fernando: Well, you just did honey (carcajadas ficticias).
Isabella: Can't translate. Kan't translate. Kan't tremendo filósofo.
Fernando: ¡Oh sí! (Ataque de erudición.) Emmanuel
Kan't nace a mediados del siglo 18. Emmanuel Kan't es conocido como el
padre del idealismo alemán. Un dato muy curioso, su madre era puertorriqueña.
Isabella: ¡Arriba corazones!
Fernando: En esta era de lo . . . Fashionably politically correct . .
.
Isabella: Multiculturalissm-o . . .
Fernando: Postcomunismm-o and salsa-ismo too.
(Tanto Fernando como Isabella comienzan a improvisar, haciendo despliegue
de sus conocimientos en inglés y alemán. En realidad están
hablando disparates.)
El punto de mi despliegue en recordar este momento dinámico es
proponer que la escritura cómica-irónica de esta corta acción
corta teatral muestra un manejo de visión dramática, idioma
y movimiento casi ausente del escenario puertorriqueño. Quíntuples
de Luis Rafael Sánchez fue el único texto que pude pensar
como punto de referencia y comparación.
Me encontré con Isabella la próxima vez en el teatro experimental
del Centro de Bellas Artes como parte de Actos para hablar --una producción
de Teatruras-- en junio de 1993, y escribí lo siguiente en Claridad
(25 junio-1 julio 1993: 26):
Isabella tiene la presencia física [y] precisa de un cuerpo entrenado
que puede entretejer movimiento/gesto, expresión corporal/facial
y voz/texto en un performance deslumbrante y penetrante. Antonin Artaud
nos dice que "cualquier cosa que se puede decir sobre el cuerpo,
también, se puede decir del teatro". En este sentido Isabella
es todo cuerpo-teatro que habla y transmite un texto que deja huella en
la escena nacional.
Deja huella porque el tema preciso de "Isabella en 'partes'"
es la escena nacional o su deterioro: "Hay kilos de polvo encima
de nuestros libretos nacionales, hay telarañas en nuestras mentes
creativas y artritis en gestos corporales". Parte de la causa para
esto es vivir dentro de una cultura que "Es como un televisor dañado
[,] entra la imagen y luego la interferencia. Estamos interferidos todo
el tiempo señores y esa interferencia cada vez se hace más
grande y si no colocamos una antena a ese televisor la interferencia nos
llevará a una imagen que no vamos a poder reconocer." En vez
de una antena la respuesta ha sido lo que Isabella llama "el centro
de Bellas 'Partes' que se nos cae parte por parte" mientras nadie
y especialmente el "hexágono . . . perdón, círculo
de críticos" de teatro, "habla del lobo, lobo-feroz".
Continua por decir:
Mientras tanto nuestros productores y actores siguen sacando, embullendo
obras bacanadas con fórmulas de "cutex": "Upa, upa
kataplum, cuidado que te cogen plum", "En el closet está
el marido, en la lacena el vecino y en la nevera Florentino", "Pungala,
pungala, abre que te lo voy a meter".
Pero esto no es diatriba ni denuncia retórica porque la acción
dramática y la ironía de la pieza proviene de la capacidad
de Teresa Hernández de usar su cuerpo para definir y ocupar el
espacio teatral a su alrededor. Este espacio incluye el público
como si estuviéramos presenciando un programa de televisión
grabado en vivo y no una función teatral. Habíamos seguido
a nuestra anfitriona (en video) desde su camerino hasta las cámaras
y ahora ella provoca nuestras memorias como televidentes con movimientos
y gestos familiares de la pantalla chica pero que desconocemos como parte
del teatro formal. El programa finaliza con:
Nuestras Espinozas ["Referencia a la Dra. Victoria Espinoza, directora
de teatro".] tiene espinas de robles enterradas en el alma por el
dolor de un abandono. Las esperanzas están muriendo con nuestra
ideología; una mujer que escribe visiones panorámicas siete
años atrás estableciendo sus esperanzas en nuevas salas
y hoy por hoy existe la celebración de la clausura . . . (Se escucha
"voice over".)
1971 - Teatro cooparte, quemado
1984 - Teatro y Taller Corral de la Cruz, cerrado
1987 - Teatro Sylvia Rexach, cerrado
Teatro Candlelight, cerrado
Antiguo cine del Viejo San Juan, Teatro Mascarada, cerrado
Café teatros: Los Campos Alegres, La Tea, Café Vicente,
Casa de Teo, cerrados
Teatro Riviera olvidado y abandonado
Teatro Matienzo en larga espera de adquisición
Antiguo edificio del Telégrafo Teatro Salvador Brau en Santurce
bellamente restaurado y misteriosamente cerrado
1993 - Nuestro Teatro, cierra . . .
(Apagón.)
A través del personaje de Isabella y de este tipo de performance,
Teresa Hernández sigue sus intervenciones en programas de danza,
producciones de formato de obras cortas y como solista en los actos de
apertura o clausura de conferencias, simposios y congresos académicos.
En 1995, preparaba su primer proyecto grande, Acceso controlado, un conjunto
de cuatro personajes nuevos y una película que estrenaría
el 30 de noviembre en la Casa Aboy en Miramar. Sin embargo, anteriormente
había desarrollado la pieza "El carro de Brenda Prenda"
para el espectáculo Mamagúela de Viveca Vázquez y
el Taller de Otra Cosa. Producido originalmente en el anfiteatro Julia
de Burgos de la Universidad de Puerto Rico, su remontaje en el Centro
de Bellas Artes en 1995 resultó en la otorgación por "El
carro de Brenda Prenda" del premio de 1995 en la categoría
"Creatividad Dramática" a Teresa Hernández. (Debemos
notar que "Creatividad Dramática" fue creado por el círculo
de críticos de teatro de Puerto Rico para los trabajos teatrales
que no caben dentro de los renglones acostumbrados. Ha sido casi la única
categoría en que las producciones del "teatro cultural"
han recibido reconocimiento del círculo de críticos.)
Para aceptar el premio, Hernández subió al escenario con
su maleta de pelucas para presentarse como:
Isabella Fernández crítico de arte, teatro y otras experiencias
performativas. Miembro fundadora del círculo de críticos
para la década de los ochenta . . . . Mi tarea en aquel entonces
era reseñar las actividades de vanguardia "performances"
y otras experiencias escénicas. . . . Actualmente, ¿a quién
le toca reseñar ésta área? Bueno no importa . . .
Sigue su indagación del premio:
Pues esta noche se reconoce algunos de los trabajos nativos. Algarabía,
algarabía, por lo nuestro . . . Que no muera el lamento borincano
. . . ale o le lolai . . . Pero ante tanta celebración, me pregunto
yo señores, ¿Cuánto conocemos del trabajo que estamos
premiando? ¿Cuánto reconocemos como teatro y "no teatro"?
¿Cuánto reflexionamos sobre el concepto de teatro?
Y más tarde:
¿Porqué se dan las cosas? ¿Qué significa?
¿En qué coyuntura histórico-política-creativa
nos encontramos? . . . Es necesario que conversemos . . . tenemos que
enfrentarnos en el teatro, pero no tan solo en las grandes salas de teatro,
sino también en las pequeñas, las no recibidas en los espacios
olvidados . . .
Acepta el premio pero no sin sentar sus condiciones y términos,
ni sin retar a los críticos dentro de su proprio acto de inclusión,
exclusión y consolidación de influencia.
III
Acceso controlado de Teresa Hernández, que presencié por
primera vez en la Casa Aboy en diciembre de 1995, conllevó dos
significados inmediatos: (1) había espacio en cada función
para solamente 70 personas y las demás quedaron excluidas (con
la excepción de la primera pieza --"La Reina"-- que fue
acto público aunque también "controlado") y (2)
aún las incluidas entraron a los predios de Casa Aboy bajo vigilancia
y supervisión policiaca-institucional que es la metáfora
principal que une las cinco piezas-personajes que constituyen la obra.
Este primer "acto de personaje" de la Reina --con todas sus
pretensiones europeas, blanquitas, primer mundistas y racistas-- fue el
trabajo mejor logrado de la función porque mostró tan precisamente
la noción de inclusión-exclusión, de los privilegiados
(pero también controlados) espectadores oficiales por dentro y
los excluidos (pero menos controlados) que sólo pueden mirar desde
afuera. La Reina dicta un discurso fascista-clasista-racista en que el
mestizaje etno-cultural y la democratización (la popularización
o vulgarización descontrolada) socio-política son crímenes
contra el orden histórico. Seguramente, la Reina es más
prisionera que nadie de su ideología, su aislamiento y su propio
blanquismo y sirve como emblema apto de las contradicciones inherentes
de una sociedad rejada, de acceso controlado que es, a la vez, vulnerable
e incontrolable.
La riqueza del texto escrito añade sustancia y textura a la actuación.
Especialmente en esta pieza, Teresa Hernández se asemeja mucho
a la brasileña Denise Stoklos y su presentación de María
Estuardo (además de otras). Como Stoklos, al igual que los actores-bailarines
del "Tanztheater Wuppenthal" de Pina Bausch en Europa, Hernández
muestra una extraordinaria capacidad de variar y cambiar sus voces, gestos
y movimientos. El resultado es la creación de personajes que dan
un reflejo claro de las complejidades que nos rodean. Así, la guardia
Teniente Cortés, que nos acomodó en el confinado espacio
dividido entre público y actuación, nos aconseja mientras
esperamos el próximo acto. La Teniente nos da el texto colectivo
nacional de la criminalidad con todos sus miedos y supuestas medidas de
protección (que la Teniente y nosotros reconocemos son falsas y,
a la vez, necesarias). Es una paranoia real, una histeria sustancial que
justifica la mentalidad social del "acceso controlado" que no
nos protege de nada. Es un discurso real-fantástico que termina,
como la Teniente, por aburrirnos con sus mismos detalles, repeticiones
y realidades. Por el contrario, la versión en video de "Milagros
Vélez" basada en las obras Request Concert de Franz Xaver
Kroetz y Acto sin palabras de Samuel Beckett, para mi, no contribuyó
favorablemente a la totalidad de Acceso controlado.
Sin embargo, la próxima pieza, "Primera plana" me dejó
con sed de ver más. Los gestos y movimiento de Hernández
como el chamaco antes de estar confinado dentro de la institucionalidad
estatal forman el punto más alto de destreza técnica-física
de la obra entera. Es un baile de fibra y tensión social a la vez
que la rapidez y repetición de las contorciones corporales muestran
una sensación de placer, expresión libre y sentidos sin
límites. Capturado por el oficial Ortiz (Javier Cardona), confinado
por la trabajadora social (Carola García) y bajo la tutela de la
institutriz (Lydia Platón), el baile ya es mudo, sin movimiento
o expresión alguna excepto, tal vez, la movida interior de resentimiento
y odio.
"La Primera Dama en Solo Operático en Tiempos Desafortunados"
es la cuarta transformación en un personaje totalmente diferente
que Teresa hace durante la función. La Primera Dama canta y baila
su solo operático frente a la complejidad de la sociedad puertorriqueña
contemporánea. Otra vez, vemos una metáfora penetrante:
el arte formal, tradicional de una clase privilegiada frente a las condiciones
sociales de un pueblo cuyo "acceso" a la expresión cultural
casi siempre está controlado. La Reina histórica parece
poco distante de la Primera Dama histérica.
Durante los seis años desde su estreno y después de haberlo
presenciado "despedazado", mis impresiones de ese primer encuentro
con Acceso controlado han cambiado muy poco. "La Reina" mantiene
su fuerza y queda como el pedazo más agudo y cortante. Por otro
lado, mi estimación de "Teniente Cortés, la guardia"
ha cambiado al verlo en conjunto con "Primera plana", la pieza
casi muda del chamaco que vive en los márgenes de la criminalidad,
la droga y el centro de detención. Durante un programa de verano
para maestros de escuelas secundarias en la Universidad de Puerto Rico
esta piezas adquirieron otra dimensión al ver la participación
y libre interacción de los maestros. Aunque no he visto nuevamente
"La Primera Dama en Solo Operático en Tiempos Desafortunados"
la lectura del texto refuerza mis reacciones originales.
No hay duda de que la lectura de los textos teatrales como Acceso controlado
nos provee un entendimiento mejor del trabajo de Teresa Hernández
y contribuye mantener un récord histórico de los verdaderos
acontecimientos del teatro puertorriqueño. Pero hay más.
Si no fue evidente en el análisis de los discursos de Isabella,
los textos de Acceso Controlado muestran que la escritura teatral de Hernández
representa una dramaturgia nueva y diferente dentro del teatro puertorriqueño.
En vez de ser "monólogos" son más bien "obras
para un sólo actor". En ese sentido, son comparables a Request
Concert de Kroetz, Acto sin palabras de Beckett y a un sinnúmero
de otras obras similares en las cuales un actor, con o sin dialogar con
el público o consigo mismo, y con o sin la ayuda de "Kurombos"
(término japonés que Teresa adapta para describir los papeles
esenciales pero menores en Acceso Controlado: el Oficial Ortiz, la institutriz,
el agente secreto y la trabajadora social ) crean todos los requisitos
para una acción teatral compleja y multidimensional.
IV
La nostalgia del quinqué . . . una huida estrenó en el teatrito
del Convento de los Dominicos en el Viejo San Juan en mayo de 1999 como
parte de la Primera Muestra de Artes Escénicas de la Universidad
de Puerto Rico. Anuncié en Claridad que iba a reseñar este
proyecto, más grande y complejo en la trayectoria de Teresa Hernández,
pero la producción me dejó confundido e insatisfecho y nunca
terminé la reseña. Mis reacciones críticas al trabajo
de Teresa siempre habían sido muy positivas y ahora tenía
que explicar porqué encontré La nostalgia del quinqué
demasiado abstracta y poblada de personajes interpretados por ella --La
Lic. Perdóname, Pragma y Perpetua-- que parecían funcionar
fuera de los códigos acostumbrados de su historial creativo. A
la misma vez, pensé que "Las estampas vivientes" de la
familia jíbara quedaron excepcionalmente provocadoras:
Genaro [el pai] es negro pero cree que es indio. Segunda [la mai] piensa
que es jincho, pero con el trabajo bajo el sol se ha puesto "prieto
como el fondo del caldero". A Clarita [la hijah] eso le tiene sin
cuidado. Además no entiende la insistencia de sus padres, pretender
vivir en una realidad que ya no existe o tal vez no existió, sin
embargo, les juega el juego a ser puertorriqueños!¡?¿
Sin embargo, aún con la centralidad de la familia jíbara
y el enfoque sobre issues de la problemática identidad étnica/cultural
y el "puertorriqueñismo" que afectan hasta los cuadros
políticos estadistas, sólo una tercera parte de la obra
se aclaró suficientemente para poder evaluarla bien.
Mi actitud hacia La nostalgia del quinqué no cambió hasta
que tuve la oportunidad de leer el texto. Por primera vez dentro de la
productividad teatral de Teresa Hernández, noté una posible
fisura entre el montaje y el drama escrito: su trabajo había experimentado
el conflicto dramatúrgico fundamental entre la idealización
de un concepto dramático en la página, y la práctica
de realizarlo dentro del espacio concreto teatral. En otras palabras,
ya el texto o drama era demasiado grande y complejo para que su fisicalización
en escena pudiera estar estéticamente controlada sólo por
la escritora-directora-performera. Teresa ya no podía trabajar
dentro y fuera del espacio teatral, o por lo menos no sin más apoyo
desde afuera --un(a) director(a) para coordinar todos los elementos de
la producción, proveer una visión e interpretación
independiente, y hacer enlaces entre los personajes y elementos de la
obra. Con La nostalgia del quinqué Teresa Hernández supera
sus funciones previas de solista, performera-escritora, actriz-bailaina
de sus propios monólogos, etcétera, y nos muestra una obra
teatral metafórica y completa que capta en poesía oral y
física la "brega" cotidiana de vivir la "puertorriqueñidad"
como una identidad que es concreta, real y llena de complejidades políticas,
socio-históricas y etno-culturales y, a la misma vez, puro folclor,
fantasía y retórica ideológica.
Este doble sentido comienza con "La Feria" con sus kioskos típicos:
"¡Juega a ser puertorriqueño!", "Tómese
una foto jíbara.", "Jíbaro por un día."
o el último kiosko, "Prueba tu ritmo campesino", que
es una muestra de instrumentos semi-rotos de la música jíbara.
Puertorriqueñidad/puertorriqueñismo se extiende a través
del discurso de la representante del distrito, Lic. Perdóname --"una
mujer obesa, asmática e hipocondríaca"-- y su secretaria
Lamento, las dos vestidas como "mujeres evangélicas-fundamentalistas,
pero no lo son." Tomado en parte de la literatura nacional y en parte
de refranes folclóricos y publicitarios "jibaristas",
el texto verbal de "Las estampas vivientes" entremezcla y contrapuntea
el texto físico de movimientos y gestos. A la misma vez, los "shopping",
Blockbuster y Video Avenue son igualmente su realidad cotidiana, aún
si tratan de esconderlo. Por ejemplo, Segunda (la mai) dice: "Clarita,
voy pa' Plaza [Las Américas], digo pa' la plaza. Dónde habré
puesto las llaves [del carro], digo el candungo".
Desde allá el texto introduce "Pragma, la continental",
una entrenadora atlética "superhéroe" de pensamiento
positivo que, con la presencia de su asistente Lamento, "también
vestida con ropa atlética", nos da una versión distinta
--"trepa y progresa, trepa y progresa, trepa y progresa"-- pero
no tan remota del personaje y el puertorriqueñismo de la Lic. Perdóname.
La política de Praga es clara: "¡Cada vez más
grande; cada vez mejor! . . . ¡[Carlos] Pesquera convierte al Morro
[el Castillo del Morro en el Viejo San Juan] en shopping mall!"
La familia jíbara re-entra en escena y va "pal 'family' [cuarto
del televisor y entretenimiento] a ver la peliculita en el 'home theater'
[equipo de televisor de pantalla grande con bocinas de sonido especiales]".
Lo que sale es un video que contrasta la imagen comercial, publicitaria
y turística de "the continent of Puerto Rico" con "imágenes
de un Puerto Rico enterrado en un progreso desmedido y aberrante".
Al terminar el video, entran en escena Perpetua, la cantante, y su acordeonista
Lamento. Perpetua, el último personaje de la obra, habla un tipo
de "esperanto", un español-italiano-portugués
que subraya su generalización como una "latina global"
sensual y seductiva. Nos dice:
Cuando eu era pequeña, com P mayúscula, elos cambiaron mi
vouch local por una vouch global. ¿Por cuá? (Incorporándose.)
Por la mayore comprensión e consideración a la pública
latente. Sin embarshgo, (pegándose bien al micrófono como
para decir una pequeña confesión) dentro de las mías
cuershdas voucales hay muchos territorios pre (inhala) y pos (exhala)
nacionales . . .
y representa una versión diferente pero, otra vez, no remota de
la representante del distrito, la Lic. Perdóname.
Dejo el resto del texto dramático al lector pero con la advertencia
que este "drama nuevo" lee más bien como un collage o
mosaico que un cuento. Su acción pide que el lector visualice y
sienta los movimientos, gestos, imágenes y ritmos musicales a la
vez que siga los parlamentos de los personajes. Es un tipo de lectura
que da gran libertad de asociación e interpretación al lector.
A la misma vez, contiene muchas características de un poema concreto
o una instalación artística que incorpora objetos, voces,
cuerpos y parlamentos en un espacio multidimensional y cambiante. Por
eso, pide al lector que se acerque para leerlo desde adentro del espacio
teatral imaginario, y no como si fuera un observador que sólo ve
lo que pasa a través de una ventana o una pared invisible. Pero
no hay duda de que lo que Teresa Hernández escribe constituye drama:
son obras no solamente leíbles como cualquier otra literatura teatral
sino también repetibles o, mejor dicho, remontables por otros performeros
y/o grupos.
V
¿De dónde viene la forma de escribir obras teatrales de
Teresa Hernández? En muchas instancias, las obras más interesantes
del teatro mundial contemporáneo no son dramas dialogados sino
mitos, poemas, cuentos, coreografías, pinturas y narrativas de
ficción y de la vida real transformado en teatro. También
son testimonios personales, transcripciones de juicios, diarios de viajes,
actas de reuniones, artículos y noticias periodísticas,
análisis históricos y aún hasta los informes sobre
investigaciones científicas, todos rehechos en un lenguaje en que
la palabra es sólo una de las muchas formas de expresión.
Usualmente, este tipo de texto se desarrolla a través de la colaboración
entre el escritor y un grupo teatral, entre el actor y un escritor o está
performado por el mismo autor del texto. El propósito no es tanto
relatar una historia o acción orgánica y unificada alrededor
de una anécdota central sino concretizar una serie de imágenes
o cuadros vivos para demostrar complejidades y contradicciones no siempre
evidentes en formas dramáticas convencionales.
Esta situación no es el resultado de una falta de dramaturgos talentosos,
sino de la necesidad del teatro de adaptarse a las condiciones socio-históricas,
políticas y culturales a su alrededor. La simultaneidad e interpenetración
de escritura y performance dentro del proceso creativo teatral está
preconizado, por ejemplo, en los trabajos teóricos de Antonin Artaud
y de Bertolt Brecht, y otros más. La lista de escritores del teatro
contemporáneo que trabajan así es extensa: los dramaturgos
alemanes Peter Weiss y Heiner Müller, los escritores anti-apartheid
de la Africa del Sur, Athol Fugard y Barney Simon , Jean-Claude Carrière
y Hélène Cixous de Francia, la dramaturga inglesa Caryl
Churchill, la bailarina-escritora negra de EUA Ntozake Shange, la coreógrafa-directora
Pina Bausch del Tanztheater Wuppenthal, el dramaturgo y actor italiano
Dario Fo, ganador del premio Nobel, y su esposa y colaboradora Franca
Rame, y performero-escritores de EUA como Eric Bogosian, Spalding Gray,
Guillermo Gómez-Peña, John Leguizamo y Anna Deveare Smith,
entre muchos otros. El Teatro Laboratorio de Jerzy Grotowski usaba un
método similar, al igual que grupos y performeros de América
Latina y el Caribe que incluyen el Teatro Experimental de Cali y La Candelaria
de Colombia, el Yuyachkani de Perú, SISTREN (Hermanas) de Jamaica,
y las performeras latinoamericanas Denise Stoklos, Teresa Ralli y Astrid
Hadad. El tipo de dramaturgia de Teresa Hernández se insierta fácilmente
en este contexto y tradición.
Además, hay precedentes y co-conspiradores dentro del teatro puertorriqueño
también. Los coreo-poemas sin palabras como Ocho mujeres, Abelardo
y Eloisa y Atibón, Ogú y Erzulí que crearon Gilda
Navarra y el Taller de Histriones en los últimos años de
la década de los 70 y los primeros de los 80, sirven como un ejemplo.
No había diálogo ni necesariamente un cuento o una trama
dramática como tal. Sin embargo, a través de su idioma de
esculturas y gestos corporales, el Taller de Histriones dejó grabadas
imágenes teatrales gráficas, compactadas y transcendentes.
Quíntuples (1984) de Luis Rafael Sánchez, tal vez la mejor
obra escrita para el teatro puertorriqueño durante los años
80, es otro ejemplo. No es un "drama" como tal sino seis narrativas
intercaladas y actuadas en las que los personajes-gestos están
inscritos en un juego genial de la intertextualidad y el lenguaje poético
puertorriqueño. El tercer ejemplo es el trabajo de Rosa Luisa Márquez
(frecuentemente en colaboración con el artista gráfico Antonio
Martorell) en producciones basadas en la re-escritura para teatro de obras
plásticas, gráficas y/o literarias de otros medios y la
transformación de lugares comunes en espacios teatrales multidimensionales.
Foto-estáticas (1985; del Album de Familia de Martorell, . . .
denuncaacabar. . . (1995; de cuentos puertorriqueños), El jardín
de pulpos (1996; de la obra de Arístides Vargas), Esperando a Godot
(1997; en la cual actuó Teresa Hernández) e Historias para
ser contadas (2001; de la obra de Osvaldo Dragún) sirven de ejemplos.
Estos tres ejemplos encuentran correspondencias específicas en
la forma dramática-teatral-performativa de Teresa Hernández:
(1) entrenamiento, disciplina, precisión y economía en movimiento
y gesto; (2) el texto abierto, irónico y a veces juguetón
(pero siempre serio) y escrito como reflejo poético de los múltiples
niveles de lo cotidiano puertorriqueño; y (3) el poder transformar
lugares comunes en espacios performativos dinámicos y multidimensionales.
A la misma vez, el movimiento corporal, el texto abierto y el espacio
performativo también son las bases de procesos creativos en el
trabajo de grupos como El Tajo del Alacrán y Anamú de los
años 60 y 70; el Nuevo Teatro Pobre de América de Pedro
Santaliz, Pisotón y el trabajo de Maritza Pérez, Danza Brava
de Petra Bravo, el Taller de Otra Cosa de Viveca Vázquez y Los
Teatreros Ambulantes de Cayey de Márquez y Martorell, de los años
80 y 90; nuevos grupos teatrales y performeros como Pedro Adorno y Agua,
Sol y Sereno, Margarita Espada y Yerbabruja, talleres de máscaras
de Deborah Hunt, Eduardo Alegría, Javier Cardona, Lydia Platón
y Carola García, entre muchos otros, durante la última década;
y un sinnúmero de teatreros-performeros aun más jóvenes
que apenas comienzan a trabajar dentro de la misma corriente del teatro
cultural puertorriqueño. Son ellos la tradición, el contexto
y la continuación del teatro/performance de Teresa Hernández.
Un punto final es importante: ¿dónde se puede encontrar
un récord confiable de los eventos que constituyen la historia
del teatro puertorriqueño contemporáneo? Este récord
existe solamente de forma parcial y no hace justicia al teatro cultural
ni al teatro convencional. ¿Dónde, por ejemplo, podemos
encontrar el nombre de Teresa Hernández ("la artista teatral
más completa y compenetrante que trabaja en Puerto Rico hoy en
día") o los nombres de muchos de los grupos, teatreros y performeros
que acabamos de mencionar? Dentro de Puerto Rico hay una memoria viva
creada por la historia oral de los acontecimientos teatrales en general,
y del teatro cultural, en específico. Sin embargo, la historia
publicada fuera de Puerto Rico ha provenido de fuentes prejuiciada por
informantes con conflictos de interés y el deseo de promover sus
(auto)publicaciones y sus (auto)críticas en la literatura internacional
de "referencia de hechos" tipo enciclopédico y en revistas
académicas y profesionales. (The Cambridge Guide to World Theatre
(1988) editado por Martin Banham y The Cambridge Guide to African and
Caribbean Theatre (1994) editado por Banham, Errol Hill y George Woodyard
son dos ejemplos de este tipo de "mis y dis-información"
pero hay otros ejemplos en España y América Latina.)
Esta situación comenzó a cambiar con la publicación
de diez artículos sobre el teatro puertorriqueño editados
por la teatróloga cubana Vivian Martínez Tabares y publicados
como el dossier El ¿otro? teatro puertorriqueño en Conjunto
106, Revista de Teatro Latinoamericano (mayo-agosto 1997) de Casa de las
Américas. Era uno de los primeros intentos extranjeros de balancear
la cuenta negativa del teatro no convencional puertorriqueño. Sin
embargo, una publicación similar de España --ADE Teatro,
Revista de la Asociación de Directores de Escena de España
(diciembre 1999)-- publicó otro dossier de artículos bajo
el título Teatro puertorriqueño actual que mantuvo casi
totalmente opacado lo que he descrito arriba el contexto y tradición
de Teresa Hernández --el teatro "cultural" puertorriqueño.
El teatro convencional (incluso el teatro "nacional") sólo
puede enriquecerse al reconocer los logros del "otro" teatro
puertorriqueño. El profesionalismo, disciplina, compromiso y visión
artística de la dramaturga-performera-directora Teresa Hernández
surge de y rinden beneficios para todos las artes de representación
--teatro, baile, danza, performance, cine, video-- en Puerto Rico. A la
misma vez, milita en contra de los procesos de inclusión, exclusión
y consolidación de influencia que han dominado y detenido el desarrollo
del teatro puertorriqueño.
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