Migration and Cultural Identities

Renato Rosaldo


GÉNERO Y MODERNIDAD: TRES SUJETOS EN
SAN JOSÉ, CALIFORNIA


Parto de la propuesta de que lo moderno es una categoría cultural que distintos sujetos manejan en formas diversas y con sentidos diferentes. La pregunta que guía y orienta toda la pesquisa es ¿hay diferentes grados de modernidad? Intento abordar el tema del sujeto resistente o contestatario y acercarme al concepto de la modernidad a través de tres ejemplos que ilustran cómo este sujeto se hace presente tanto en el plano performativo como en el discursivo complejizando la figura tradicional del guerrero hombre personificado por el Che Guervara o Gregorio Cortés. Hago un acercamiento a la subjetividad como juego entre dos aspectos o dimensiones que denominaré: entre la masculindad y la feminidad. También me gustaría retomar y redefinir el término resistencia, término que parecería haber caído con el Muro de Berlín.

Para ilustrar el planteamiento voy a presentar tres ejemplos, tres sujetos latinos que se auto-definen uno como chicano, otro como mexicano y otra como chicana. Los tres residen en San José, California y son tres figuras de la resistencia, todos sujetos contestatarios.

El primer sujeto es el actor chicano Edward James Olmos quien protagoniza al pachuco en la película Zoot Suit de Luis Valdés (1981). El pachuco en esta versión es un sujeto contestatario que sabe jugar el juego del respeto. Actúa dentro de la ética del respeto exigiendolo de otros pachucos y simultáneamente se convierte en una especie de imán que atrae represalias de las autoridades anglo-sajonas: policías y jueces. En términos de lenguaje su virtuosismo no tiene que ver con una correcta construcción de la narrativa sino con una agilidad enorme para el cambio de registro lingüístico, su discurso es una especie de ametralladolara que va de un código de habla al otro, de un nivel del discurso al otro y este paso veloz de un registro lingüístico a otro favorece a los políglotas y convierte al sujeto monolíngüe en una especie de troglodita. Olmos es pura gandalla, el estilo pachuco encarnado que se pone en evidencia no sólo en su manera de hablar sino también en su forma de vestir y de caminar. De hecho, en la celebración del veinticinco aniversario del Teatro Campesiono en San José, California, Olmos afirmó haber aceptado el papel del pachuco en Zoo Suit porque toda su vida había hablado así, pero nunca había imaginado siquiera que se pudiera escribir así, mucho menos actuarlo en teatro. El poema de José Montoya, poeta chicano oriundo de Sacramento que cito a continuación, es un ejemplo claro de esta forma de hablar, de esta estética:

El Louie

Era de Fowler el vato,
carnal del Candi y el
Ponchi -Los Rodríguez-
The Westside knew 'em,
And Selma, even Gilroy.
48 Fleetline, two-tone-
buenas garras and always
rucas-como la Mary y
la Helen... siempre con
liras bien afinadas
cantando La Palma, la
que andaba en el florero.

Louie hit on the idea in
those days for tailor-made
drapes, unique idea-porque
Fowler no era nada como
Los, 'ol E.P.T. Freno's
Westside was as close as
we ever got to the big time.

But we had Louie, and the
Palomar, el boogie, los
Mambos y cuatro suspiros
del' alma-y nunca faltaba
that familiar, gut-shrinking,
love-splitting, ass hole-up-
tight, bad news…

Trucha, esos! Va 'ver
pedo!
Abusau, ese!
Get Louie!

No llores, Carmen, we can
Handle 'em.

Ese, 'on tal Jimmy?
Horale, Louie!
Where's Primo?
Va 'ver vatos!
En el parking lot away from
the jura.
Horale!
Trais filero?
Simon!
Nel!
Chale, ese!
Oooooh, ese vato!

An Louie would come through-
melodramatic music, like in the
mono-tan tan taran!-Cruz
Diablo, El Charro Negro! Bogard
smile (his smile as deadly as
his vaisas!) He dug roles, man,
and names-like "Blackie", "Little
Louie…"

Ese, Louie…
Chale, man, call me "Diamonds!"

Y en Korea fue soldado de
levita con huevos and all the
paradoxes del soldado razo-
heroism and the stockade!

And on leave, jump boots
shainadas and ribbons, cocky
from the war, strutting to
early mass on Sunday morning.

Wow, is that 'ol Louie?

Volvamos a la película, ésta abre con Edward James Olmos, el pachuco de rostro delgado y bigote fino, haciendo su entrada muy estirao, lleva traje negro con pantalones de bota amplia, camisa roja y brillante, sombrero negro y de ala ancha. Luce una gran cadena de oro alrededor del cuello y una leontina de plata sale de su bolsillo. Está en un club nocturno en el que se presenta un grupo de danza, la coreografía es impecable. Olmos camina ante ellos y es visible para la audiencia más no así para los bailarines. Su figura es mítica, hay en él matices diabólicos, es el espíritu que anima la pachucada. Quizá podríamos afirmar que tras esta estética hipermasculina se esconde una femenina. Está muy pendiente de la moda, combina cuidadosamente los colores, lleva un traje de moda, luce cadenas de oro y plata. Obviamente, nadie, nadie se atrevería a decirle esto al pachuco, lo que en cierta forma es confirmación de su masculinidad.

La figura extravagante del pachuco en Zoot Suit es redefinida, deconstruida ¿modernizada?, once años después en la película American Me. Asistimos a la segunda encarnación del vato en otra película de Olmos quien ahora no hace su entrada en un escenario llamativo y brillante... sino en un mundo gris, opaco, oscuro. Estamos en los Ángeles, en los años cuarenta, en plena Segunda Guerra Mundial, se oye una voz en off que dice:
"OLVÍDENSE DE LA GUERRA DE ULTRAMAR, ¡LA GUERRA ES AQUÍ!"
El tema de la película gira alrededor del famoso asesinato de Sleepy Lagoon en Los Ángles y de los motines a que éste dio lugar. Los pachucos mexicano-americanos fueron violentamente reprimidos por los marines anglo-americanos.

El Olmos que entra en la prisión es un hombre pálido, sin bigote, callado, de movimientos lentos, lleva una camisa azul vieja y desteñida. Un flash back nos lleva a donde, como dice él, comenzó todo: una sala de tatuaje en el centro de Los Ángeles. A su padre le están tatuando un corazón y las palabras "por vida", es su manera de jurar amor eterno a su novia, la futura madre de Olmos. Una voz en off dice:
"PODRIAMOS PENSAR QUE LA GUERRA FUE AQUÍ EN LOS ANGELES"
De nuevo los motines Zoot Suit, la Segunda Guerra Mundial, los marineros anglo-sajones entran a la sala de tatuaje, le cortan el pelo al padre Olmos, lo desnudan y le dan una golpiza. Violan a su novia, la madre de Olmos. Para la audiencia es evidente, entonces, que éste es un bastardo, el producto de una violación que nos recuerda a la Malinche. Dentro de la lógica de la película, la ausencia de amor paterno explica su conducta criminal. Esta escena inicial nos posibilita hacer dos lecturas de la película: una vertical -en relación con el pasado- y otra horizontal -en relación con el presente.

En relación con el pasado Olmos dice que el pachucho no es una figura atractiva, no se trata de un héroe, no es un modelo de resistencia, se trata más bien de un ser humillado y violado. No es alguien a imitar, no sirve de modelo al presente. Olmos advierte a los vatos jóvenes que no deben imitar su papel de pachuco, éste no es un modelo de nada. En 1992 los jóvenes portaban armas de fuego y se estaban matando entre sí. Su mensaje era: nos estamos acabando en esta versión o encarnación.

Olmos sigue siendo la figura masculina que porta el peso de la hombría y la dignidad. El respeto se ha convertido en su forma de vivir, no sólo lo practica sino que lo exige a sus pares. Esto se hace evidente en su forma de saludar a los demás.. Tras esa superficie se esconde un volcán masculino en permanente riesgo de erupción, un hombre cuyas pasiones y violencia reprimidas están apenas ocultas y dificilmente controladas.

El segundo sujeto del que me voy a ocupar es un mexicano oriundo de Michoacán que vive en San José, California. Su nombre es Magdaleno Mora y nació en 1919. Su historia migratoria no se reduce a un solo viaje, se trata de muchos desplazamientos en uno y otro sentido realizados entre 1944 y 1963 que me fueron contados personalmente por él. En 1944 llegó a San José a trabajar en el ferrocarril, contratado como bracero para reemplazar a los trabajadores que habían ido a la guerra. En 1963 trajo su familia a San José. Tres de sus hijos llegaron a obtener el doctorado. Esto a pesar de que Magdaleno no hablaba inglés, es más, como lo dijo él, cuando joven no podía ni siquiera leer el reloj. Su esposa era del pueblo de Tlalpajahua, Michoacán. Su madre una curandera muy conocida en la región. Él nació en un rancho de una población cercana y trabajó en las haciendas donde, como decía su esposa al hablar de él, "No se dejaba, lo trataban con respeto". Don Magdaleno era muy serio, muy trabajador, no era nada dado al juego ni a los chistes con sus compañeros. Sus manos eran duras, sus dedos gruesos debido a los duros trabajos manuales que realizaba.. Es más, gracias a sus manos encallecidas y fuertes fue contratado para trabajar con el ferrocarril de Western Pacific. "La gente no quería venir para acá. Yo ni sabía lo que era la guerra. Decían -yo lo oí- '¿Quién quiere ir a Estados Unidos con los gastos pagados?'". Su autoridad como narrador procedía de su extraordinaria memoria. Sus narraciones eran ricas en detalles, fechas, formas de pago, nombres de lugares. Un verdadero modelo de memoria y de oralidad. Su tono era serio, de pocas palabras y mucha dignidad. Otro modelo de masculinidad tipo Olmos, o quizá más bien al contrario, es Olmos quien vive su masculindad dentro del patrón de Mora, pero le añade a ésta cierta extravagancia y el permanente cambio de registro lingüistico en su discurso. El estilo de Mora se inscribe más dentro del modelo de American Me. El heroismo de Magdaleno Mora es calmo y persistente, se trata de una solitaria lucha por la supervivencia, es un modelo de fortaleza y sufrimiento no demasiado diferente a la de las silenciosas luchas femeninas de sufrimiento permanente, de vidas martirizadas que evocan historias de peregrinajes.

Lo que este análisis exige es que el lector o el escucha amplíe, o de hecho proporcione, el dolor subestimado o nunca mencionado que está tras las manos deformadas por la artritis, las heridas de los accidentes de trabajo, el hambre, las privaciones. Magdaleno Mora al hacer referencia a sus primeras experiencias laborales durante el período de guerra afirma "en 1944 había mucha discriminación. Los soldados que pasaban en los trenes nos escupían."

De nuevo en San José, California, nos encontramos con una mujer llamada Sofía Mendoza, mujer de unos cincuenta años que se que se auto-define como "una activista con los zapatos embarrados". Es chicana de tercera generación y habla más inglés que español. Para Sofía, el respeto, es el término clave lo que denota una actitud más masculina que femenina.. Sofía es consciente de lo que implican ciertas diferencias de género. Dice "Cuando vas de casa en casa encuentras que nuestras gentes son inteligentes, pero no son conscientes de ello. Las mujeres suelen saber más que los hombres, ellas son quienes se entienden con la enfermera, con los maestros y con las agencias, los padres de familia no tienen que enfrentar nada de esto, los protege su trabajo." Esta podría ser una descripción adecuada a la experiencia laboral de Magdaleno Mora.
Atribuye a la formación que su padre le dio su sentido del respeto y del papel central que éste ha jugado en su vida. "Mi padre dijo que él quería ser diferente de su padre. Me dijo 'Quiero que manifiestes tus desacuerdos, que me respetes, pero me contradigas'. También me dijo que tratara a los demás como yo quería ser tratada." Esto y muchos otros detalles que relató me dieron la impresión de que Sofía Mendoza era como el hijo mayor de su padre.

Sofía fue para mi como una imagen viva del sujeto contestatario en acción pues cuando le pedí que me hablara del respeto me contó una historia, no del respeto en sí, sino de cómo exigirlo:
Tengo fama en este pueblo de ser muy peleonera. Mi padre me enseñó a ser peleonera. Me he metido con el alcalde y hasta con Reagan cuando era gobernador. Esto salió en los periódicos. No respeto ni al alcalde, ni a Reagan. Cuando llegó Reagan a una reunión, yo tenía las piernas estiradas y no las moví para que Reagn tuviera que pasar por encima de ellas. Me miró de una manera bien rara. Yo quería que me mirara para que se acordara de mí cuando le hiciera preguntas. Le pregunté, '¿por qué empleas a prisioneros para quebrar el sindicato de los campesinos (United Farmworkers Union de César Chavez)?' Reagan se enojó tanto al oir mi pregunta que quebró su lápiz. Me pidió mi nombre. Yo le dije: '¡Contesta mi pregunta!' Seguimos así: tu nombre, mi pregunta, tu nombre, mi pregunta, por fín le dije: "Me llamo Sofía Mendoza. Voy a repetir mi nombre porque sé que no lo puedes pronunciar. Luego lo deletreé. Poco tiempo después en Sacramento en la marcha de los pobres, Reagan dijo: 'Hola Sofía Mendoza'. Lo hizo con repeto. Logre más exigiendo respeto que si lo hubiera insultado.

He propuesto tres, que pueden ser cuatro, modelos del sujeto latino contestatario. Todos en torno al concepto de respeto. Todos combinan distintas dimensiones de género entremezcladas de modo complejo. Se podría decir que el Olmos de Zoot Suit, el pachuco extravagante, se modernizó al convertirse en la figura de American Me, cuyo personaje tiene el carácter de Magdaleno Mora, el hombre de pocas palabras y mucha dignidad. Una figura rural, tal vez tradicional, o al menos pre-moderna, quiza pos-pre-moderna. Sofía Mendoza es moderna en el sentido de que habla bien claro, con mucha racionalidad pero dentro de una ética y una estética de respeto. En ella las pasiones surgen a la superficie y permiten que la mujer guerrera hable interactuando con los anglo-americanos en códigos accesibles a todos, no utiliza mensajes cifrados. Parece vivir una dimensión masculina, quizá un poco arcaica.

En este breve ensayo he tratado de precisar a través de ejemplos específicos ciertos sentidos dentro de los cuales podríamos hablar de unas subjetividades y de algunas fronteras de la modernidad entre los latinos en Estados Unidos.