Performance Theory

Hermann Herlinghaus
(University of Pittsburgh)

"Performance público' y práctica narrativa en el Subcomandante Marcos (México)"

La abundancia de discusiones y comentarios sobre el Subcomandante Marcos a lo largo de los últimos ocho años no ha logrado a despejar ciertas incógnitas. Entre los atributos más conocidos que se le solían adjudicar figuran las del 'gran maestro de escena' en los escenarios políticos de los años noventa, 'artista de performance' sui generis. Curiosamente, estos calificativos no han contribuido a desentrañar su don y eficacia particulares que le permitieron establecer un pacto comunicativo con una 'comunidad' singularmente heterogénea. Marcos y su proyecto confieren un especial reto de análisis el cual se relaciona con la 'no identidad' entre un espacio público vinculado con aquellas instituciones cuya política discursiva se apoya en la representación formal, por un lado, y unas dinámicas identitarias conectadas con imaginarios más futiles y 'desordenados' por otro lado. Marcos, a primera vista, parece ser un caso de obvia atractividad desde un punto de vista de 'performance studies' aunque, a segunda vista, puede producir también dudas en el momento en que se trata de comprender la curiosa perennidad de su presencia pública.
¿Qué nos dice un concepto de 'performance' en tanto práctica cultural -precariedad en términos discursivos, unicidad del evento interactivo, liminalidad como 'enactment' de saberes de cuerpo (embodied knowledge)- sobre la presencia prolongada, constancia simbólica y obsesión linguística y poético-linguística de Marcos? ¿No se ha formulado también la sospecha de que lo que el guerrillero supo ganar en persistencia y 'continuidad' le hizo perder lo que invirtió de versatilidad y originalidad? Sin embargo, lo que más les ha consternado a aquellos que han querido atribuirle a Marcos un mensaje escatológico -un nuevo fundamentalismo de izquierda-, es el hecho que su 'discurso' no cabe en ningún registro discursivo. Por un lado, Marcos ha establecido una política discursiva que le posibilitaba armar vículos con la sociedad civil y la comunidad internacional que se muestran más duraderos que una presencia que funciona solamente por encantamiento corporal-performativo (aunque esa fuese sostenida por la imagen masificada y el mensaje electrónico). Por el otro lado, todas las sorpresas que el Subcomandante le ha deparado a una sociedad en crisis han sido 'golpes de teatro' en el mejor sentido democrático -acciones desjerarquizantes, comunitarias, cultural y políticamente heterogéneas (para no usar la palabra 'multiculturales'), cuyos efectos democratizadores han mostrado una fuerza convocadora única, esto es -lúdica y performativa. Resumiendo nuestro camino de problematización: Nos encontramos con la necesidad de conceptualizar un espacio intermedio entre práctica de 'performance' y figuración de mensajes, símbolos y textos la que, sin embargo, no puede ser llamada 'discurso'. Para ilustrar y discutir ese espacio 'in-between', vamos a introducir un concepto heterológico de 'narración', esto es, un concepto de narración que no equivale a 'discurso'. El objetivo es indicar un camino de acercamiento conceptual a una problemática poco teorizada: la comprensión de imaginarios colectivos y sociales a nivel de identidades que se articulan -no por camino especulativo sino- narrativamente.
Una anécdota se ofrece para prefigurar el camino de la reflexión. Cuando en el año pasado la marcha de los zapatistas a la capital culminó con la entrada de los comandantes en el Congreso de la Unión, el Subcomandante Subcomandante Marcos no se encontraba entre ellos. Mientras varios de los 22 representantes del EZLN, luciendo sus pasamontañas, expresaron su disposición para dialogar sobre el trato constitucional de los derechos y la cultura indígenas, Marcos parecía ausente, pero luego se divisó, esperando en las afueras del edificio montado en un camión, fumando pipa, y enmudecido casi todo el tiempo. Mientras Marcos esperaba sin hablar, dentro del Congreso se articulaba un "hablar" encarnado por la imagen de los "descalzos", lenguaje austero y poco 'moderno', sin adornos retóricos, que hablaba con referencialidad directa o metáforas simples, un lenguaje que de repente parecía haber perdido su ilustre mediador. Marcos había decidido no sólo no tomar la palabra, sino evitar el escenario inmediato de ese histórico evento, hecho que causó sorpresa y no dejaba de generar, una vez más, un sinnúmero de sospechas sobre los trucos y tácticas del "genial impostor".
Ese gesto de ausencia en la más ilustre tribuna de la representación política formal, hacía resonar una pregunta conocida: ¿porqué Marcos no asume un papel explícito y determinante en la nomenclatura del discurso político? La respuesta favorable ha sido -por causa de su modestia; la desfavorable: para poder seguir hablando con "tan pocas cosas que tiene que decir". Por lo general, los críticos y periodistas que se han dedicado al proyecto de Marcos como 'proyecto discursivo', han buscado a desentrañar las contradicciones de una identidad con el implícito fin de 'unificar' a ese personaje, aún cuando lo describen como mezcla de rasgos diversos, unificarlo en términos de nombre y apariencia -quitarle la máscara-, y también con respecto a su papel de autoría. Esto quiere decir, para concederle un carácter explícito y representativo a su discurso, se le pedía exponer su individualidad como persona.
Cabe recordar, a pie de página, que la moderna educación occidental se guía por normas que vinculan el estatus legítimo de un conocimiento capaz de extrapolar, de especular y generalizar, con una determinada noción de 'autor' (Michel Foucault). Esa noción de autor/de autoría permite abstraher de ciertas condiciones reales de la heterogeneidad, empezando con la del propio cuerpo como espacio de deseos y contaminaciones cotidianas, para relegar aquellos imaginarios que no disponen de un lugar en las esferas de orden y competencia discursivas, a un plano inferior o hasta inexistente. Unificar la identidad en los criterios del pensamiento moderno ha significado, muchas veces, reducirla a la 'soledad universal' del individuo autorreflexivo (Walter Benjamin) o a los imperativos de la razón instrumental. Por ende, hay imaginarios e 'imaginarios'. Unos se producen y distribuyen por camino de la especialización e institucionalización, generando lo que la hermenéutica ha llamado saberes 'explativos' o 'autónomos'; otros funcionan bajo signos antropológico-sociales sin necesariamente tener correlatos o legitimidad en los sistemas discursivos.
'Unificar' a Marcos según criterios de un individuo 'con identidad verdadera', como persona que tiene el derecho de hablar y actuar en público, persona educada, con nombre y registro, formalmente desprovista de los atributos de mito y superstición (los que sólo se toleran en los ámbitos reservados para ellos), -unificarlo a Marcos de esta manera ha resultado difícil. La anécdota inicial hace evocar unas ideas de Hannah Arendt, intelectual judía y amiga de Heidegger, quien emigró a EEUU en tiempos del fascismo. En The Human Condition (1958), la filósofa alemana llama la atención sobre la separación moderna (y fundacional si se piensa en la 'Nación') entre 'Historia' con mayúscula e 'historias menores'. Y se dirige en contra de una fatal reducción latente en varias concepciones materialistas de lo político: querer hacer 'Historia' con la convicción de que pueda haber un 'autor' de ella. Sin embargo, argumenta Arendt, lo histórico está atravesado por una paradoja. Siempre hay sujetos que "actuan y hablan", pero estos sujetos activamente involucrados no construyen la historia como 'autores', esto es, como generadores de un sentido mayor. Vale la pena explorar esa paradoja:

La perplejidad consiste en que en cada serie de eventos, los que juntos pueden conformar un relato con un posible significado, podemos divisar en el mejor de los casos unos agentes. Pero la respuesta a la pregunta ¿quién es el autor de ese significado? sólo puede ser 'nadie', ya que incluso el 'héroe' de la historia narrada, puesto que exista tal personaje, no puede ser en ningún caso visto como autor en el sentido en que se habla por ejemplo del autor de una obra literaria.

Hablando con vista a los 'performance studies', las identidades (el "quién") que se hacen y deshacen en una "red de asuntos humanos", no se constituyen según un principio finalista, sino por camino interactivo. Esto es, el 'sentido' histórico y político de las acciones se construye en otros lugares que en los de la acción misma. Cuando Arendt situa su acepción de subjetividad en una red cotidiana de "asuntos humanos", la problemática del sentido que adquieren esas prácticas es descrita a través de un desajuste. Es lo que ella llama la asimetría entre el "quién" (el sujeto quien habla y actua) y el "qué" (el sentido que esas acciones y palabras adquieren a nivel de una representación mayor). Esa representación discursiva no se refiere tanto a la representación literaria, sino a aquella que opera en lo Foucault llama "los órdenes del discurso" -esferas cuya institucionalización produce y reproduce la legitimidad de aquellos autores-actores que tienen el poder simbólico.
Marcos, a pesar de no haber leido a Arendt, comparte el escepticismo ante la Historia grande. Como ex-profesor de la Facultad de Comunicación de la UNAM, sabe que la individualización moderna del pensamiento tiende a la objetivización del sentido y de la identidad. Su máscara y su dramaturgia de 'des-personalización' de su propio papel político subvierten esa hegemonía simbólica. Su (política de) identidad puede ser entendida como ágil respuesta a lo que Arendt describe de la siguiente manera:

El inconfundible 'quién-es alguién', esa calidad que se manifiesta tan intensamente en el hablar y actuar de esa persona, se resiste sin embargo al intento de cristalizarla en una determinación linguística. Cuando intentamos a decir 'quién' es alguien, empezamos a describir características que ese alguien comparte con otros y que, por lo tanto, no le pertenecen en su unicidad. La lengua se resiste cuando queremos usarla como medio para la descripción del 'quién' y en cambio nos empuja hacia el 'qué'. (p. 222-223)

Sobre la pregunta ¿quién es Marcos? ha corrido mucha tinta. Octavio Paz disertó pocos días después del levantamiento zapatista que sus origenes "parecen relativamente claros: retazos de las ideas del maoismo, de la teología de la liberación, de Sendero Luminoso y de los movimientos revolucionarios centroamericanos". Enrique Krause, en un texto más reciente, El evangelio según Marcos (2001), describe la misión de Rafael Sebastián Guillén (nombre civil de Marcos) como actualización de una vieja melodía latinoamericana -"Marcos y los zapatistas [...] relacionan […] la cuestión indígena con la globalifobia y el multiculturalismo". Las tendencias de atribuirle una identidad discursiva la que exige el sello de una firma individual o la estampa de un esquema de representación siguen en pie. Marcos, a su vez, dijo:

La palabra en política […], en la política mexicana había sufrido un desgaste continuo. Conceptos como patria, nación, revolución, cambio, justicia social, libertad, democracia estaban completamente vacíos. [...]
Lo que queremos es darle a la palabra otro uso.

A menudo, cuando se le ha reprochado al Subcomandante ocultar su identidad discursiva, se le atribuía ser "un maestro de las puestas en escena", actor y también director de una teatralización mediática, personaje por ende 'poco serio', pero también incómodo, ya que esto le permitía evitar determinadas normas de simbolización o habitar varios registros discursivos a la vez: "lenguaje escurridizo, sincretismo de lenguajes", como dice él mismo. (V. Montalbán, pp. 142, 164)
Volviendo a la anécdota inicial, la ausencia de Marcos en el Congreso el 28 de marzo de 2001 muestra que las articulaciones zapatistas tienen sus actores y tienen su hablador. El hablador se sigue resistiendo a que se le dé un lugar fijo en el órden oficial de la representación. Sin embargo, Marcos siempre se ha insertado en los escenarios simbólicos y discursivos de los últimos ocho años. La pregunta ¿cómo lo ha hecho?, permite acercarse a un determinado concepto de la narración. Arendt, al cuestionar el principio del 'Autor de la Historia', trata de nombrar la aporía de las 'historias sin autor'. Esas historias que aparecen y se rehacen en la "red de asuntos humanos" y que forman parte de un saber común activo y heterogéneo, no son el resultado o el fundamento ideológico de los objetivos de personas y grupos, sino los resultados "secundarios" de un comportamiento que "casi nunca alcanza sus objetivos grandes". Dicho en otras palabras, el 'protagonista' real de esas historias casi nunca se convierte en 'autor'. Nos parece que del proyecto de Marcos habla una sabiduría que 'sabe' de los desajustes entre la acción política como práctica 'vivible' y los principios de establecer un sentido final. Cuando Manuel Vázquez Montalbán le quiso dar a Marcos el calificativo "profeta mediático", el Subcomandante fue claro en su negativa:

Nosotros no señalamos algo que va a pasar sino lo que está pasando, que está por emerger. Nosotros no vamos a ofrecer la alternativa de un mundo plano de izquierda, vamos a respetar a la gente. [...]
Lo que hay que poner en crisis es el discurso de la razón única, sea ésta religiosa o moral, o humanista. (ibid., p. 169)

Hacer emerger relatos en las lagunas del "discurso de la razón única", relatos que viven de preocupaciones y experiencias comunes, ¿reside ahí la estrategia detrás de o en conjunto con las posturas de performance de Marcos? Aquí cabe formular criterios que nos permiten distinguir entre 'narración' y 'discurso'. Resumiendo nuestro concepto de discurso, aludimos a un nexo conceptual que permiten establecer dos textos de Foucault: L'ordre du discours (El orden del discurso) y Qu'est-ce qu'un auteur? (¿Qué es un autor?), los cuales sugieren relacionar los términos "orden de discurso" (Michel de Certeau habla de una "economía del discurso") y "función de autor". Ahora, más difícil resulta concebir 'narración' como práctica heterogénea capaz de enfocar, de alguna manera, lo que llamamos 'imaginarios en acción' -imaginarios que todavía no tienen (o ya no tienen) un correlato discursivo, produciendo sin embargo tramas dramáticas ('plots') vigentes en la articulación subjetiva de experiencias de vida y conflicto social. Aquí hacemos hincapié en el concepto retórico-cultural de "identidad narrativa" (ipse) formulado por Paul Ricoeur en contraste con el postulado filosófico de "identidad abstracta" (idem) para cuestionar las construcciones esencialistas de sujetividad. Las ideologás de secularización y modernidad han pretendido a superar el mundo de relatos, leyendas y creencias, y sin embargo están surgiendo hoy nuevas fenomenologías de la narración.
La ausencia de Marcos en el Congreso agudiza la pregunta por su particular habilidad de interpelar. ¿Cómo ha logrado estar tan presente si ha tratado de evadir la representación oficial? La otra cultura -la 'voz' y los valores de los indígenas- es sin duda una cultura narrativa en sentido antropológico primario. Pero las palabras que los comandantes indígenas expresaron en el foro nacional, careciendo ese día del respaldo de su traductor, lucían un extraño desamparo. Voz e imagen de los indígenas no existen fuera de la interacción y negociación con otras voces e imágenes. La visibilidad, la expresión activa de los pueblos indígenas en los espacios públicos de hoy ya no pueden ser enfocadas con la fórmula de una comunicación artesanal y autogestionaria. Sin embargo, hay una extrema vulnerabilidad en esa situación, ya que salir del aislamiento e insertarse en los escenarios públicos y mediáticos puede también significar la erosión de la matriz identitaria, de la 'propia' cultura narrativa. El lenguaje de Marcos se reconoce como práctica de traducción.

Se habla diferente cuando se habla hacia dentro o cuando se habla hacia fuera. Es más difícil hablar hacia fuera porque tenemos que traducir el lenguaje o el código básico de las comunidades para utilizarlo en el intercambio con el exterior. Por eso nos esforzamos por tener un lenguaje hacia la comunidad internacional, otro hacia la comunidad nacional, un lenguaje hacia los políticos, otro hacia la sociedad civil, pero siempre siendo fieles al lenguaje interno. (V. Montalbán, p. 140)

Construir un puente entre estos niveles profundamente diferentes parece casi imposible, y más aún cuando el objetivo consiste en lograr un efecto convocador -convocar a distintas fuerzas, a través de grandes distancias y por debajo de jerarquías y divisiones, para la solidaridad con el movimiento de Chiapas. Y para lograr esto se utiliza un lenguaje heterogéneo que quiere ser "fiel al lenguaje interno". Hemos llegado a un punto neurálgico: la necesidad de pensar un concepto de espacio público que va más allá de una noción pedagógica que a través de la distribución de una idea normativa pretende perfeccionar al ámbito social, y más allá también de una identificación simplista de comunicación masiva y manipulación. Dicho en otras palabras, se necesita una noción 'performativa' del espacio público. ¿Pero cómo puede funcionar un 'performance público' a través de grandes distancias de espacio y una extensión de tiempo que es de varios años? Marcos no es dueño de uno de los poderosos canales televisivos, y sin embargo ha logrado establecer, durante períodos prolongados, una vivaz interlocución con la sociedad civil y con muchos grupos e individuos a nivel internacional. Es aquí que se hace interesante pensar en el 'porqué' de su ausencia en el Congreso. El curioso estatus del performance público de Marcos tiene que ver con ese fenómeno de una 'presencia por ausencia': presencia imaginaria que se apoya en la construcción de un relato que sabe 'generar comunidad'.
El escepticismo frente al principio del 'autor moderno' -aquel paradigma que regula la administración de 'sentidos discursivos' a buena distancia de los 'sentidos de vida'-, ese escepticismo fue compartido también por Walter Benjamin quien anotó en su ensayo El Narrador (1936):

Cada mañana nos informa sobre las novedades del orbe terrestre. Y sin embargo somos pobres en historias notables. Lo cual viene de que ningún suceso nos alcanza sin estar impregnado de explicaciones. […]
Casi la mitad del arte de narrar consiste en mantener libre de explicaciones la historia que se relata. (p. 308) […]
El narrador toma lo que narra de la experiencia; de la propia o de la que le han relatado. Y a su vez la convierte en experiencia de los que escuchan su historia. (p. 306)

La heterogeneidad de los comunicados de Marcos (y distinguimos 'heterogeneidad' de nociones simplistas de 'mezcla') exige un análisis capaz de formular la pregunta por una identidad narrativa del Subcomandante, identidad narrativa que se entiende a la vez como identidad performativa. En esos comunicados actua, bajo el punto de vista narrativo, una 'primera persona'. Pero ese "yo" se desindividualiza para poder escapar de la 'soledad del novelista' de la que habla Benjamin en el mismo ensayo. Por eso, llamarlo a Marcos un poeta en el sentido de conferirle una originalidad literaria no ayuda a comprender su narración. El principio guía de sus comunicados es un elíptico descentramiento de la primera persona por voces que la interpelan constantemente: "El Viejo Antonio", "Don Durito de la Lacandona", varias figuras de niños y niñas, una agencia narrativa en tercera persona que es invocada como 'sociedad civil', y numerosas otras. Ese drama de la primera persona (o su liberación), escenificado con retórica lúdica, es también un camino de evadir el principio de explicación: "mantener libre de explicaciones la historia que se relata".
"Sabiduría" es entendida por Benjamin como el don de activar un 'saber actuante' que, conectándose con las experiencias de los otros, tiene una habilidad comunitaria. Ese saber contribuye a crear sentimientos de cercanía y lazos vivos de 'comunidad'. En ese sentido, la sabiduría narrativa se vincula con una extraña fuerza de teatralización que no sólo es inherente al acto de contar, sino también al relato contado:

[…] el narrador es un hombre que da un consejo a quien le escuche. […] Un consejo es menos una respuesta a una cuestión que una propuesta concerniente a la continuación de una historia (que está desarrollándose). Para procurarnos consejo, deberíamos antes que nada saber narrar esa historia. […] El consejo, entretejido en la entretela de la vida, es sabiduría. (Benjamin, p. 305)

Al final del ensayo de Benjamin leemos la enigmática frase: "El narrador es la figura en la que el justo se encuentra a si mismo." (p. 332). Un personaje que al crear/recrear/seguir creando relatos de un mutuo involucramiento entre narrador y los que lo escuchan, o al leer lo están escuchando, o al leer imaginan que lo están escuchando, -ese personaje genera 'justicia'. El Subcomandante dice que "retomar el uso que [la palabra] había perdido", utilizar palabras "como las sienten e interpretan las comunidades indígenas", posibilita romper con "toda esa jerga de un no-saber" (V. Montalbán, p. 142) y darle un uso ético al lenguaje: no reclamar verdad, sino producir aquellas matrices de afecto que permiten escuchar mientras que se está hablando. ¿Puede enterderse a Marcos como un narrador benjaminiano en tiempos de la avanzada globalización?
Él mismo recurre a su experiencia narrativa fundamental que fue su amistad con el "Viejo Antonio", un narrador oral de las comunidades chiapanecas. Los Relatos de El Viejo Antonio hablan, no de una relación política entre ambas personas, sino de una 'amistad narrativa' que le ha literalmente enseñado a Marcos a sobrevivir. Aprender del Viejo Antonio, comenta Marcos, no significaba contar las historias tal como él las contaba, construir un mundo mitológico, lo que habría resultado imposible desde los registros culturales del intelectual urbano. La lección era más simple y por ello consternante: aprender que el mismo acto de contar historias era un acto 'sagrado', sagrado no tanto en términos de contenido sino de práctica. Lo importante (para Marcos) no era lo que las leyendas hablaban de los dioses y las esencias de naturaleza, sino la observación que su 'uso' contínuo en una determinada cultura prolongaba los vínculos colectivos que se creaban en fiestas y rituales de hacia la vida diaria. De ahí, se comienza a comprender la narración como 'ritual en pequeño' y, por ende, como acto comunitario.
Marcos no aprendió a narrar como los habladores orales indígenas, sino a narrar con ellos, llegando más tarde a dialogar con vastos ámbitos de la sociedad civil. Su proyecto comunitario es heterogéneo en el sentido de la acción comunicativa, no en aquel de un mero 'bricolage' de diversos elementos. Esto es, la heterogeneidad reside en ocupar los márgenes del 'discurso' y ser, sin embargo, 'narración'. La sabiduría de su práctica narrativa consiste en darle a la realidad aquella especie de 'sentido actuante' que se consuma y sin embargo escapa por su desplazamiento hacia otro relato que, más allá de los límites de su final, espera a ser contado. Es esta sabiduría que le ha ayudado a Marcos a entablar una relación casi inconcebible, tantas veces renovada, con una gran parte de la sociedad civil y la comunidad internacional.
Todavía no hemos abarcado la actual situación local, nacional e internacional en que el proyecto zapatista, bajo presión de la histeria imperialista en contra del 'terrorismo', es empujado hacia un trágico aislamiento. Sin embargo, el 'performance' zapatista, su pacto comunicativo con una comunidad heterogénea dentro y fuera de México, ha lucido a lo largo de los años noventa una sorprendente versatilidad. No sólo ha sido capaz de doblar la política oficial con actos democráticos de gran fuerza teatralizadora; además ha convertido su performance subversivo en acción narrativa y re-narrativa y así alcanzar una enorme presencia pública. El caso de Marcos nos ha ayudado a agudizar una serie de aporías que son de relevancia tanto para la reflexión epistemológica como para el análisis cultural. La relación conflictiva entre 'discurso' y 'performance' marca, dentro de los estudios de performance, un tópico central. Pero como nos parece, las relaciones entre 'performance' y (un determinado concepto de) 'narración' han sido menos discutidas. Esas relaciones tienen particular importancia para un análisis de las 'subjetividades actuantes' y los problemas socioculturales que conciernen el espacio público en sociedades heterogéneas como las latinoamericanas.