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Andrez Perez |
Andrés Pérez y su Gran Circo Teatro El teatro latinoamericano ha perdido a uno de sus más brillantes creadores. Los primeros días de este año han traído luto para nuestros teatristas. El 3 de enero falleció en Santiago de Chile Andrés Pérez, autor, actor, director; una figura crucial para la creación y la estética teatral latinoamericanas. Fundador en 1980 del Teatro Urbano Contemporáneo (TEUCO), primer movimiento para la investigación y práctica del teatro callejero en Chile. Discípulo de Arianne Mnouckine en el Théatre du Soleil, actor que encarnara al Gandhi de ³La Indiada². Creador del Gran Circo Teatro y del insólito fenómeno de ³La Negra Ester², el arte innovador de Pérez marcó las propuestas escénicas que se produjeron en Chile después de 1989. Pedagogo en tres talleres de la Escuela Internacional de Teatro de América Latina y el Caribe: La Habana, Cuba, 1989; Cali, Colombia, 1997 y Valaparaíso, Chile, 1999. El teatro como espacio mágico, como taller de artesanos, como laboratorio de investigación, como modo de vida, como aprendizaje ético, ³como un estado de vida o muerte donde nos lo jugamos todo², eran algunos de los principios que animaban la poética de este genial creador. Andrés Pérez le dio al teatro chileno y latinoamericano una contribución estética y vital. Tejedor de legendarias tradiciones teatrales y de manifestaciones de la cultura popular, su manera de trabajar y animar el teatro de máscaras ha sido una síntesis de búsquedas y un hallazgo de formas propias. ³La imagen no es actuación. La actuación no tiene que ver únicamente con la creación de imágenes, sino sobre todo con la emoción. Hay un teatro de imágenes y hay un teatro de emociones², expresó durante el proceso de trabajo en el primer taller de la EITALC. Maestro con extraordinaria sensibilidad para orientar la búsqueda y el mágico parto de actrices y actores, parecía condensar en dos palabras el milagro de la creación: emoción y evidencia. ³Debes saber siempre desde qué estado del alma cuentas una historia. Y debes mostrarlo inmediatamente que apareces sobre la escena. Contarlo con los ojos, con la mirada, con las manos, con los pies...², era una de las tantas indicaciones que daba a los actores en aquel priemr taller de la EITALC. La evidencia era para Andrés Pérez el instante mágico de las apariciones, el nacimiento de una máscara. Algo tan efímero como la teatralidad. El personaje podía llegar pero nadie tenía la posesión sobre él. Después de una improvisación solía preguntar: ³¿Alguien más quiere probar en este personaje?². La criatura escénica era aquí un tejido colectivo, sin las jerárquicas ³distribuciones² de personajes. Para los que tuvieron la dicha de trabajar con este Maestro o de ver sus mágicas y festivas creaciones, saben que Andrés Pérez fue un Poeta de la escena latinoamericana, un renovador de nuestra teatralidad, un Demiurgo, o como le llamaron algunos: Un Mago. Desde los bordes de la vida, sin la experiencia de aquel viaje adonde él se ha ido, recordamos otras de sus tantas metáforas: No hay finales, la historia continúa siempre. Los personajes salen y nos dejan con una historia viva que continuaremos en nuestra imaginación. . . |