6 Primavera 2002

 

NEWS _ LETTER
Instituto Hemisférico
de Performance y Política

Edición: Marsha Gall- Diseño: Tisi & Gall

Domingo Cavallo

 

 

 

 

 

 

Banco rigurosamente resguardado

 

 

 

 

 

 

Leonard N. Stern School of Business New York University

 

Condena Global: Domingo Cavallo en NYU
Por Marsha Gall

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La táctica: “Si no hay justicia hay escrache”
Desde su formación en el año 1995, la agrupación de derechos humanos H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) le ha enseñado a los argentinos, donde éstos se hallaran, que frente a la inoperancia y tendenciosa alevosía de la (in)Justicia, el pueblo tiene un recurso: la condena social. Luego de que los gobiernos democráticos de Alfonsín y Menem dejaran en libertad a los responsables de los atroces crímenes de la dictadura militar (1976- 1982), los hijos de presos políticos, exiliados, desaparecidos y asesinados acuñaron la modalidad del “escrache”, es decir, el público develamiento del paradero e identidad de aquellos que se encargaron de “desaparecer” (torturar y, en miles de casos, asesinar) a sus padres, y que ahora intentan “pasar” por ciudadanos comunes.

Fundamentalmente, los escraches indican “Sabemos quién sos” y ofrecen el gesto contrario a la estrategia del oponente, que ha sido borrar, eliminar, no dejar rastro, destruir pruebas, expropiar el derecho a la conciencia histórica. Los escraches más recientes incluyen a ministros, especuladores y economistas que, dadas las consecuencias de su performance, pasan a integrar la categoría de genocidas del período democrático. El gesto de sumar a estas figuras a los escraches de hoy pone en evidencia la conciencia popular acerca de la continuidad histórica entre el terrorismo de estado implementado por la dictadura y el terrorismo económico de las políticas neoliberales, ordenadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y ejecutadas por los supuestos representantes del pueblo.

Escrache: Lo que la Universidad de Nueva York no dice de Cavallo
Por estos días, la escuela de negocios Leonard N. Stern de la Universidad de Nueva York (NYU) contrató como profesor visitante (hasta mayo del 2003) al argentino Domingo Cavallo, ex ministro de Economía que ha sido señalado como uno de los responsables de la peor crisis económica en la historia de la Argentina. El doctor Cavallo llega a NYU a compartir, según versa uno de los textos que promociona su llegada a esta casa de estudios, su conocimiento de “primera mano” sobre los hechos que llevaron a Argentina al derrumbe. Conceptos como “crisis económica” en el caso de Argentina no son más que vergonzosos eufemismos para hermosear lo que debería comunicarse como el total desmantelamiento de la base económica, social y política de un país que actualmente se “estudia” como el ejemplo a no seguir.

Domingo Cavallo, doctorado en Harvard, exhibe en su curriculum vitae actuaciones como Director del Banco Central de la República Argentina durante la última etapa del gobierno militar (1982), siendo responsable de la estatización de la deuda de empresas privadas. Esto implica que —a partir de un documento emitido por Cavallo— gran parte de la deuda de 17 billones de dólares, perteneciente a esas empresas privadas, pasó a ser responsabilidad del pueblo argentino.

Domingo Cavallo, Ministro de Economía del gobierno de Carlos Menem, puesto que ocupó entre 1991 y 1996, fue el creador del plan de “convertibilidad” que fijó la paridad del peso argentino con relación al dólar. Esta situación favoreció los sueños y las expectativas de consumo de la clase media, y sirvió para que Carlos Menem se mantuviera en el poder por dos períodos consecutivos. Pero, hoy lo vemos claramente, no tenía sustento y minó el destino de los argentinos.

Domingo Cavallo, en marzo del 2001, fue convocado para integrar el gobierno de Fernando De La Rúa como el único capaz de salvar al país de la recesión en que se encontraba. La gente, que no le había respondido cuando se presentó como candidato a intendente de la ciudad de Buenos Aires, le tuvo que dar una oportunidad en esta ocasión: como en el caso de los encargados de sistemas, el creador del programa debía tener la clave. Resultado: hacia fin de ese año la Argentina se quedó literalmente “sin plata” y el padre de la convertibilidad tuvo que restringir el acceso y libre disponibilidad de los ahorristas a sus propios fondos (lo cual no sólo incluyó ahorros, sino salarios y jubilaciones), situación que fue denominada “corralito”. Del sueño de pertenecer al primer mundo, Argentina pasó a no tener lugar alguno en el mundo.

El 5 de diciembre del 2001 el diario argentino Página 12 titula una nota acerca de la impericia de Cavallo: “Había algo peor que la convertibilidad. Cavallo cumplió: él fue quien la creó y él terminó por destruirla”. El artículo continúa: “…confirmó lo que de él se decía: que era el único que podía librar a la Argentina de la pesadilla de la convertibilidad. Pero lo que ha puesto en su lugar no es eso ni nada. Sólo una maraña de controles a ser aplicados por un Estado derruido” (Nota de Julio Nudler).

En su página web, www.domingocavallo.org.ar, el ex ministro cumple en informar que ha renunciado a su cargo en diciembre del 2001, pero evade un detalle importante: las circunstancias en las que se llevó a cabo su dimisión. En la noche del 19 de diciembre, después del discurso presidencial mediante el que De La Rúa—como respuesta a los desmanes y saqueos que se estaban produciendo— decretó el estado de sitio, miles de personas interpretaron su mensaje como una provocación. A pesar de tener suspendidas sus garantías constitucionales, es decir, en un estado de total vulnerabilidad cívica, el pueblo se dirigió espontáneamente a la Plaza de Mayo a reclamar la renuncia de Domingo Cavallo. El acontecimiento arrojó, a manos de la policía, un saldo de 25 muertos y 400 heridos en todo el país. Al día de hoy nadie ha asumido la responsabilidad por esas muertes.

For Export: Un argentino en Nueva York
El pasado 17 de septiembre, los argentinos nos enteramos por la nota de Silvia Naishtat publicada en el diario Clarín que Cavallo estaba en la ciudad de Nueva York para hacerse cargo de la cátedra Henry Kaufman, que anteriormente fuera ocupada por el ex jefe de la Reserva Federal estadounidense, Paul Volcker, amigo personal de Cavallo. La nota consigna: “La Universidad de Nueva York supo tenderle una mano a Cavallo cada vez que estuvo en las malas. En 1996 apenas renunció al Ministerio de Economía en medio de la pelea con Carlos Menem, también fue profesor visitante”. Naishtat agrega que para trasladarse a su nueva residencia en el Village, Cavallo y su mujer tuvieron que tomar un avión privado, ya que cada vez que es visto en público es repudiado por quien lo encuentre “a mano”.

Estudiantes y profesores de la Universidad de Nueva York, así como estudiantes de la Universidad de Columbia, donde Cavallo se presentó junto con otros (ex?) integrantes de la clase política argentina para participar como orador en una conferencia titulada “La Crisis Económica Argentina y sus implicancias para los mercados emergentes”, estamos organizando diversas acciones para protestar por la presencia de Cavallo en estas instituciones y debatir acerca de las implicancias que detona esta “ilustre” visita en el marco de la academia. Consultadas las autoridades de NYU acerca de su designación, respondieron que se trataba de un “excelente economista”.

Esta respuesta inicia un prometedor debate: ¿por qué la Universidad de Nueva York ha decidido focalizarse en los antecedentes teóricos de Cavallo y no en su reincidente mala praxis? ¿Por qué se les retacea información a los alumnos sobre los antecedentes de Cavallo? ¿Por qué Cavallo no está dando conferencias en NYU, sino que, por el contrario, mantiene un perfil bajo en la propia institución que lo contrata? Es decir, ¿por qué NYU “protege” a Cavallo? ¿Por qué una universidad progresista como NYU sirve a los intereses de una elite que juega a la lotería con la economía de nuestros países? ¿Será ésa la línea general de Stern, la escuela de negocios de NYU? En todo caso, algo queda muy claro: si NYU presenta a Cavallo como un economista exitoso, NYU está declarando, por consiguiente, que Argentina tuvo el final que le correspondía. Teniendo esto en cuenta, nuestro escrache cambia de blanco. Es ahora la propia institución la que debe ser puesta en evidencia.

Epílogo como prefacio
Domingo Cavallo no debería ser una “ilustre visita” en NYU. La ética más elemental indica que su lugar es Argentina, donde debería estar haciendo su descargo, respondiendo a todos los cuestionamientos, como cualquier profesional que se precie; o, en todo caso, ejerciendo sus dotes de “excelente economista” en pos de la reconstrucción del país. Resulta sumamente ofensivo que esté a miles de kilómetros dictando conferencias —a manera de profeta— sobre lo que debería hacerse o lo que está errado hacer, cuando él mismo tuvo los instrumentos necesarios (incluso los “superpoderes”) para hacerlo, y sin embargo no llegó a ningún resultado, o mejor dicho, llegó a los resultados por todos conocidos. Resulta violento presenciar el discurso del científico que, frente al cadáver de la víctima (su víctima), imparte la lección acerca de lo que se debería haber hecho para salvarla. Es de una ética reprochable (ética que NYU está respaldando e incluso generando). Por eso el escrache se vuelve imprescindible.

Escrache es ensuciarse los zapatos, es salir a la calle, poner el cuerpo, decirlo todo, exponerse a las opiniones encontradas, a las razones de los otros. Escrache es visibilidad, denuncia, escándalo, confrontación. Sucede en un tiempo y en un lugar determinado. Pero escrache también es un proceso por el cual, a través de distintos medios, algo sale a la luz, de manera sostenida, diseminada, en vivo pero también en diferido: un petitorio, una conferencia, un llamado telefónico, una serie de emails, una página web, una aparición en la radio, esta nota— todos son escraches. Es la estrategia del colmenar, de la red. Por estos días se oyen zumbidos en Nueva York, performances de denuncia. Queremos develar esta presencia, denunciando, a la vez, que las cuentas del neoliberalismo cierran mal, y que cuentas que no cierran tienen el efecto de balas, de bombas, y hacen que “mala praxis” se traduzca en “genocidio”. Hay que poner, entonces, en boca de los estudiantes de Stern, de los estudiantes de Cavallo, preguntas como: “¿Un excelente economista para quién, para quiénes?“

Que Stern enseñe lo suyo. El colmenar dice: “Sabemos quién sos”.

 

 

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