Condena
Global: Domingo Cavallo en NYU
Por Marsha Gall
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La táctica:
Si no hay justicia hay escrache
Desde su formación en el año 1995, la agrupación
de derechos humanos H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia
contra el Olvido y el Silencio) le ha enseñado a los argentinos,
donde éstos se hallaran, que frente a la inoperancia y tendenciosa
alevosía de la (in)Justicia, el pueblo tiene un recurso: la condena
social. Luego de que los gobiernos democráticos de Alfonsín
y Menem dejaran en libertad a los responsables de los atroces crímenes
de la dictadura militar (1976- 1982), los hijos de presos políticos,
exiliados, desaparecidos y asesinados acuñaron la modalidad del
escrache, es decir, el público develamiento del paradero
e identidad de aquellos que se encargaron de desaparecer
(torturar y, en miles de casos, asesinar) a sus padres, y que ahora
intentan pasar por ciudadanos comunes.
Fundamentalmente,
los escraches indican Sabemos quién sos y ofrecen
el gesto contrario a la estrategia del oponente, que ha sido borrar,
eliminar, no dejar rastro, destruir pruebas, expropiar el derecho a
la conciencia histórica. Los escraches más recientes incluyen
a ministros, especuladores y economistas que, dadas las consecuencias
de su performance, pasan a integrar la categoría de genocidas
del período democrático. El gesto de sumar a estas figuras
a los escraches de hoy pone en evidencia la conciencia popular acerca
de la continuidad histórica entre el terrorismo de estado implementado
por la dictadura y el terrorismo económico de las políticas
neoliberales, ordenadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial, y ejecutadas por los supuestos representantes del pueblo.
Escrache:
Lo que la Universidad de Nueva York no dice de Cavallo
Por estos días, la escuela de negocios Leonard N. Stern de la
Universidad de Nueva York (NYU) contrató como profesor visitante
(hasta mayo del 2003) al argentino Domingo Cavallo, ex ministro de Economía
que ha sido señalado como uno de los responsables de la peor
crisis económica en la historia de la Argentina. El doctor Cavallo
llega a NYU a compartir, según versa uno de los textos que promociona
su llegada a esta casa de estudios, su conocimiento de primera
mano sobre los hechos que llevaron a Argentina al derrumbe. Conceptos
como crisis económica en el caso de Argentina no
son más que vergonzosos eufemismos para hermosear lo que debería
comunicarse como el total desmantelamiento de la base económica,
social y política de un país que actualmente se estudia
como el ejemplo a no seguir.
Domingo
Cavallo, doctorado en Harvard, exhibe en su curriculum vitae actuaciones
como Director del Banco Central de la República Argentina durante
la última etapa del gobierno militar (1982), siendo responsable
de la estatización de la deuda de empresas privadas. Esto implica
que a partir de un documento emitido por Cavallo gran parte
de la deuda de 17 billones de dólares, perteneciente a esas empresas
privadas, pasó a ser responsabilidad del pueblo argentino.
Domingo
Cavallo, Ministro de Economía del gobierno de Carlos Menem, puesto
que ocupó entre 1991 y 1996, fue el creador del plan de convertibilidad
que fijó la paridad del peso argentino con relación al
dólar. Esta situación favoreció los sueños
y las expectativas de consumo de la clase media, y sirvió para
que Carlos Menem se mantuviera en el poder por dos períodos consecutivos.
Pero, hoy lo vemos claramente, no tenía sustento y minó
el destino de los argentinos.
Domingo
Cavallo, en marzo del 2001, fue convocado para integrar el gobierno
de Fernando De La Rúa como el único capaz de salvar al
país de la recesión en que se encontraba. La gente, que
no le había respondido cuando se presentó como candidato
a intendente de la ciudad de Buenos Aires, le tuvo que dar una oportunidad
en esta ocasión: como en el caso de los encargados de sistemas,
el creador del programa debía tener la clave. Resultado: hacia
fin de ese año la Argentina se quedó literalmente sin
plata y el padre de la convertibilidad tuvo que restringir el
acceso y libre disponibilidad de los ahorristas a sus propios fondos
(lo cual no sólo incluyó ahorros, sino salarios y jubilaciones),
situación que fue denominada corralito. Del sueño
de pertenecer al primer mundo, Argentina pasó a no tener lugar
alguno en el mundo.
El 5 de
diciembre del 2001 el diario argentino Página 12 titula
una nota acerca de la impericia de Cavallo: Había algo
peor que la convertibilidad. Cavallo cumplió: él fue quien
la creó y él terminó por destruirla. El artículo
continúa:
confirmó lo que de él se
decía: que era el único que podía librar a la Argentina
de la pesadilla de la convertibilidad. Pero lo que ha puesto en su lugar
no es eso ni nada. Sólo una maraña de controles a ser
aplicados por un Estado derruido (Nota de Julio Nudler).
En su página
web, www.domingocavallo.org.ar,
el ex ministro cumple en informar que ha renunciado a su cargo en diciembre
del 2001, pero evade un detalle importante: las circunstancias en las
que se llevó a cabo su dimisión. En la noche del 19 de
diciembre, después del discurso presidencial mediante el que
De La Rúacomo respuesta a los desmanes y saqueos que se
estaban produciendo decretó el estado de sitio, miles de
personas interpretaron su mensaje como una provocación. A pesar
de tener suspendidas sus garantías constitucionales, es decir,
en un estado de total vulnerabilidad cívica, el pueblo se dirigió
espontáneamente a la Plaza de Mayo a reclamar la renuncia de
Domingo Cavallo. El acontecimiento arrojó, a manos de la policía,
un saldo de 25 muertos y 400 heridos en todo el país. Al día
de hoy nadie ha asumido la responsabilidad por esas muertes.
For
Export: Un argentino en Nueva York
El pasado 17 de septiembre, los argentinos nos enteramos por la nota
de Silvia Naishtat publicada en el diario Clarín que Cavallo
estaba en la ciudad de Nueva York para hacerse cargo de la cátedra
Henry Kaufman, que anteriormente fuera ocupada por el ex jefe de la
Reserva Federal estadounidense, Paul Volcker, amigo personal de Cavallo.
La nota consigna: La Universidad de Nueva York supo tenderle una
mano a Cavallo cada vez que estuvo en las malas. En 1996 apenas renunció
al Ministerio de Economía en medio de la pelea con Carlos Menem,
también fue profesor visitante. Naishtat agrega que para
trasladarse a su nueva residencia en el Village, Cavallo y su mujer
tuvieron que tomar un avión privado, ya que cada vez que es visto
en público es repudiado por quien lo encuentre a mano.
Estudiantes
y profesores de la Universidad de Nueva York, así como estudiantes
de la Universidad de Columbia, donde Cavallo se presentó junto
con otros (ex?) integrantes de la clase política argentina para
participar como orador en una conferencia titulada La Crisis Económica
Argentina y sus implicancias para los mercados emergentes, estamos
organizando diversas acciones para protestar por la presencia de Cavallo
en estas instituciones y debatir acerca de las implicancias que detona
esta ilustre visita en el marco de la academia. Consultadas
las autoridades de NYU acerca de su designación, respondieron
que se trataba de un excelente economista.
Esta respuesta
inicia un prometedor debate: ¿por qué la Universidad de
Nueva York ha decidido focalizarse en los antecedentes teóricos
de Cavallo y no en su reincidente mala praxis? ¿Por qué
se les retacea información a los alumnos sobre los antecedentes
de Cavallo? ¿Por qué Cavallo no está dando conferencias
en NYU, sino que, por el contrario, mantiene un perfil bajo en la propia
institución que lo contrata? Es decir, ¿por qué
NYU protege a Cavallo? ¿Por qué una universidad
progresista como NYU sirve a los intereses de una elite que juega a
la lotería con la economía de nuestros países?
¿Será ésa la línea general de Stern, la
escuela de negocios de NYU? En todo caso, algo queda muy claro: si NYU
presenta a Cavallo como un economista exitoso, NYU está declarando,
por consiguiente, que Argentina tuvo el final que le correspondía.
Teniendo esto en cuenta, nuestro escrache cambia de blanco. Es ahora
la propia institución la que debe ser puesta en evidencia.
Epílogo
como prefacio
Domingo Cavallo no debería ser una ilustre visita
en NYU. La ética más elemental indica que su lugar es
Argentina, donde debería estar haciendo su descargo, respondiendo
a todos los cuestionamientos, como cualquier profesional que se precie;
o, en todo caso, ejerciendo sus dotes de excelente economista
en pos de la reconstrucción del país. Resulta sumamente
ofensivo que esté a miles de kilómetros dictando conferencias
a manera de profeta sobre lo que debería hacerse
o lo que está errado hacer, cuando él mismo tuvo los instrumentos
necesarios (incluso los superpoderes) para hacerlo, y sin
embargo no llegó a ningún resultado, o mejor dicho, llegó
a los resultados por todos conocidos. Resulta violento presenciar el
discurso del científico que, frente al cadáver de la víctima
(su víctima), imparte la lección acerca de lo que
se debería haber hecho para salvarla. Es de una ética
reprochable (ética que NYU está respaldando e incluso
generando). Por eso el escrache se vuelve imprescindible.
Escrache
es ensuciarse los zapatos, es salir a la calle, poner el cuerpo, decirlo
todo, exponerse a las opiniones encontradas, a las razones de los otros.
Escrache es visibilidad, denuncia, escándalo, confrontación.
Sucede en un tiempo y en un lugar determinado. Pero escrache también
es un proceso por el cual, a través de distintos medios, algo
sale a la luz, de manera sostenida, diseminada, en vivo pero también
en diferido: un petitorio, una conferencia, un llamado telefónico,
una serie de emails, una página web, una aparición en
la radio, esta nota todos son escraches. Es la estrategia del
colmenar, de la red. Por estos días se oyen zumbidos en Nueva
York, performances de denuncia. Queremos develar esta presencia, denunciando,
a la vez, que las cuentas del neoliberalismo cierran mal, y que cuentas
que no cierran tienen el efecto de balas, de bombas, y hacen que mala
praxis se traduzca en genocidio. Hay que poner, entonces,
en boca de los estudiantes de Stern, de los estudiantes de Cavallo,
preguntas como: ¿Un excelente economista para quién,
para quiénes?
Que Stern
enseñe lo suyo. El colmenar dice: Sabemos quién
sos.
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