Persistencia de la Memoria

Miguel Rubio Zapata
Director
Grupo Cultural Yuyachkani

 

"Vine a Lima a recuperar mi cadáver, así comenzaría mi discurso cuando llegase a esa ciudad" (1)

 

Alfonso Cánepa, dirigente campesino, torturado, masacrado, muerto y enterrado incompleto en una fosa común, viaja de Ayacucho a Lima a recuperar las partes perdidas de su cuerpo que seguro sus asesinos se llevaron a la capital.

Alfonso Cánepa protagonista de la obra "Adiós Ayacucho" ha contado su historia en innumerables ocasiones desde 1990 (año en que se estrenó) llegando siempre en su narración a la Plaza de Armas de Lima.

Es mediodía del 4 de junio del 2001 y esta vez Alfonso Cánepa no está en la Plaza de Armas de Lima dentro de la ficción, sino físicamente frente al Palacio de Gobierno, esperando que el Presidente del Gobierno de Transición firme el decreto de creación de una Comisión de la Verdad en el Perú. Mientras esperamos junto a las organizaciones de familiares de secuestrados, detenidos, desaparecidos, víctimas de la violencia y otras organizaciones de Derechos Humanos, Augusto Casafranca, actor que le presta la voz y el cuerpo a Alfonso Cánepa, dice una vez más:

"Señor Presidente:
Por la presente el suscrito Alfonso Cánepa, ciudadano peruano, domiciliado en Quinua, de ocupación agricultor, comunica a usted como máxima autoridad política de la República lo siguiente:
El 15 de julio; fui apresado por la guardia civil de mi pueblo, incomunicado, torturado, quemado, mutilado, muerto. Me declararon desaparecido.
Usted habrá visto la protesta nacional que se ha levantado en mi nombre,a la que añado ahora la mía propia pidiéndole a Ud. me devuelva la parte de mis huesos que se llevaron a Lima. Como Ud. bien sabe, todos los códigos nacionales y todos los tratados internacionales, además de todas las cartas de Derechos Humanos, proclaman no sólo el derecho inalienable a la vida humana sino también a una muerte propia con entierro propio y de cuerpo entero. El elemental deber de respetar la vida humana supone otro más elemental aún que es un código del honor de guerra: los muertos, señor, no se mutilan. El cadáver es, como si dijéramos la unidad mínima de la muerte y dividirlo como se hace hoy en el Perú es quebrar la ley natural y la ley social. Sus antropólogos e intelectuales han determinado que la violencia se origina en el Sistema y en el Estado que Ud. representa. Se lo dice una de sus víctimas que ya no tiene nada que perder, se lo digo por experiencia propia. Quiero mis huesos, quiero mi cuerpo literal entero, aunque sea enteramente muerto. Al final dudo seriamente si Ud. leerá ésto mío.
Un antepasado más cándido que yo, escribió una carta dirigida al rey de España de más de dos mil páginas que tardó más de doscientos años en ser leída; en cambio el discurso de Valverde o el discurso de Uchuraccay se leerán en todos los colegios de este país como dos columnas del Estado. Por último, espero que usted hará todo lo posible por no demorar más mi entierro."
(2)

Mientras oíamos la voz, mirábamos sus ropas tendidas en el piso rodeadas de velas y flores, como se hace en los velorios de los muertos cuyos cuerpos no han sido encontrados. La voz del personaje se anticipaba a lo que oiríamos más adelante de voz y llanto de las propias víctimas y sus familiares.

Teatro por la Vida

Estando allí, frente al Palacio de Gobierno, me hice una vez más la pregunta: ¿Y el teatro qué puede hacer en este momento? ¿Y Yuyachkani qué tiene que decir?. Recordé que en pleno auge de la violencia política, en 1988, organizamos el Primer Encuentro de Teatro por la Vida; entonces eran frecuentes las ejecuciones a civiles, así como el descubrimiento de tumbas clandestinas y aumentaba de manera alarmante el número de personas desaparecidas.

Todos los Encuentros de Teatro por la Vida (3) que hemos realizado han sido co-producidos con la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH). El Primero fue parte de la Campaña Contra la Desaparición Forzada en el Perú, dentro del marco de la celebración del 40 Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y dijimos, entonces:

"este evento es nuestra modesta respuesta, desde el teatro, contra el peligroso avezamiento ante la muerte impune, contra la indolente costumbre que parece envolvernos inconteniblemente frente a la violación permanente de los derechos humanos. El teatro, que muestra, deslumbra e inquiere, se convierte también así en una respuesta consciente y decidida, cuando la violencia política, en nuestro país, durante los últimos años, ha logrado erigirse sobre una viejísima violencia estructural que se ejerce desde la más recónditas instancias del Estado.
Nosotros nos negamos a que la vida del pueblo se consigne como un simple dato estadístico. Nos negamos a que los políticos y técnicos que manejan el país hagan pasar por verdad la inevitabilidad de la muerte de niños, mujeres y hombres del pueblo peruano. Nos negamos a aceptar el flaco humor, la broma cruel que significa decidir el número mayor o menor de muertos que se requiere para terminar, supuestamente, con la inflación. Nos negamos a aceptar la disyuntiva de muerte inmediata o muerte lenta para los hijos del pueblo, como posible solución a una crisis profunda y despiadada. Nosotros nos negamos rotundamente a ser cómplices de esta situación injusta".

Han pasado 13 años desde que se realizó este Primer Encuentro, ahora hay una Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) a quien se le encarga esclarecer "los hechos y responsabilidades de la violencia política y la violación de los Derechos Humanos producidos entre mayo de 1980 y Noviembre del 2000." Y las tareas son otras. Será difícil aproximarse a la verdad de lo sucedido en estos 20 años no sólo por la complejidad del problema que implica lidiar con intereses opuestos de sectores contrarios a que se esclarezcan los hechos, responsabilidades y propuestas que de allí surjan para iniciar un camino de justicia y reconciliación; sino también por el difícil acceso a las comunidades andinas, los temores de la población por la latente amenaza de Sendero Luminoso en algunas zonas del país y por posibles represalias de violadores de los derechos humanos.

¿Por qué no ir como grupo de teatro a los lugares más golpeados?. Poco tiempo después, ésto sería posible por iniciativa del SER (Servicios Educativos Rurales). Fue así que pudimos presentar "Adiós Ayacucho" y "Antígona" dentro de una campaña informativa sobre la Comisión de la Verdad y Reconciliación denominada "Para que no vuelva a suceder". En los meses de agosto y setiembre de 2001 recorrimos pueblos y ciudades como Tingo María, Huánuco, Ayaviri, Sicuani, Abancay, Chalhuanca, Vilcashuamán, Huanta y Huancayo.

La voz de los ausentes

El año 2002 será recordado en el Perú como el año en que el país comenzó a tomar conciencia del horror de veinte años de violencia que se ensañó sobre todo con los más pobres y desposeídos, violencia que ha dejado terribles secuelas, que resultará ineludible procesar y reparar.

Siete meses antes de que se diera inicio a las Audiencias, el Grupo había realizado un recorrido previo por algunos de los lugares donde éstas se llevarían a cabo. Ahora se trataba de estar en los sitios y en las fechas de su realización. Fidel Melquiades diseñó una intervención para espacios abiertos y recuerda:

"Cuando fuimos a la primera Audiencia Pública en Huamanga instalamos tres imágenes en el contorno de la Plaza de Armas en la noche de la Vigilia. En un espacio rodeado de fuego estaba Augusto vestido de Coya presentando un extracto de "Adiós Ayacucho"; en otro lado estaba Teresa, como una mujer Ayarachi vestida de blanco y mecheros alrededor; y en la parte frontal de la Catedral de Huamanga estaba Ana sobre su pequeño escenario, también vestida en blanco, haciendo "Rosa Cuchillo", una mujer ancashina.

Todos estos momentos vividos me llevaron a construir una imagen a través de la cual pudiéramos saludar a los y las testimoniantes de las audiencias, quería construir un gesto para ellos, un homenaje por su valor y su lucha, un pequeño rito para aquellos por los cuales habíamos ido y que ahora sólo sus almas estaban con nosotros.

TAMBOBAMBINO, Instalacción (fusión de instalación plástica y acción escénica), debe su nombre a la canción recogida por José María Arguedas. La propuesta alude a un rito tradicional en el mundo andino de velar las ropas de los ausentes. Sobre una bandera peruana yacen las ropas de un campesino; su sombrero, al igual que la pintura de Van Gogh, tiene velas encendidas y flores. Este primer círculo es de color oscuro, es la imagen del Uku Pacha, el mundo de las tinieblas. El segundo círculo es de color ocre: es la imagen del Kai Pacha, el mundo de aquí. En este espacio un hombre enmascarado toca un bombo como un latido, como un lamento, pero también como un símbolo de resistencia. El tercer círculo es de color blanco: es la imagen del Hanan Pacha, el mundo de arriba. En este espacio una mujer andina vestida de blanco con dos banderas como si fueran sus alas se desplaza con una energía liviana como un espíritu, se acerca al hombre, le da aire, lo acompaña, danza, gira, toca el pututu. También atraviesa los tres mundos.

"Tambobambino maqtatas yawar mayu apakun......" al joven tambobambino se lo está llevando el río de sangre, sólo su poncho ha quedado, sólo su sombrero flotando está... Nunca pensé que esta imagen, que sólo conocía por un canto, iba a ser parte de una historia común. Nunca pensé que "El Joven" se convertiría en cientos de jóvenes campesinos, quechua hablantes en su mayoría. Siempre pensé que el yawar mayu sólo era una metáfora...".

Las Audiencias Públicas son posiblemente el trabajo de mayor impacto realizado por la CVR. Estas presentaciones de las víctimas de la violencia política ante los Comisionados, que el país entero siguió a través de los medios de comunicación, sirvió para enterarnos por medio de sus testimonios de las violaciones que sufrieron. Este fue un primer paso para dignificar a las víctimas, un acto de limpieza necesario, cuyo sentido mayor es restablecerles su derecho a decir, a buscar la justicia y a comprometer al país para que "nunca más".

En palabras de la Comisión, "las audiencias ayudaron a recoger verdades hasta entonces ocultas, pero sólo constituyeron el primer y necesario paso de una amplia tarea. Hemos constatado que la voz de las víctimas no sólo se enfrentaba a la historia oficial heredada del régimen autoritario que presidió Alberto Fujimori, sino de una enorme indiferencia". Sin embargo hay que señalar el papel solidario que han jugado en este proceso los organismos de derechos humanos, sectores de la iglesia y otras organizaciones de la sociedad civil que han cumplido una tarea importante en la realización de las Audiencias Públicas.


Antígona en Huanta

Teresa Ralli en "Antígona" (2000)

 

Un extranjero que cruzara Tebas de paso vería un pueblo de orden,un rey que gobierna y un pueblo que labora calmo.
No vería las turbulencias debajo del agua mansa.
(4)


Nadie se puede imaginar al llegar a la provincia de Huanta todo el dolor que guarda su apacible paisaje (5). Allí, a decir de la Comisión de la Verdad, "se contabilizó la mayor cantidad de muertes del departamento de Ayacucho de todo el país en el año 1984. Al accionar brutal de Sendero Luminoso a inicios de los años ochenta, se había sumado la represión de algunos sectores de las fuerzas armadas, responsables de desapariciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales."

"Tanto te he buscado, te encuentro y te tienes que ir nuevamente", dijo una señora al recibir el cuerpo de su esposo que le era entregado luego de ser desenterrado de una fosa común; ese cuerpo, que seguramente fue evocado mediante el velatorio simbólico de sus ropas, ahora lo tenia en sus brazos para finalmente despedirlo y sepultarlo.

"Oh dioses, pudiendo habernos hecho de cosa invisible o de
piedra
que no necesitan sepultura
¿por qué nos formaron de materia que se descompone, de
carne
que no resiste la invisible fuerza de la podredumbre?"
(6)

Durante todo este tiempo hemos sentido cómo parecían borrarse las fronteras entre la realidad social y la de nuestros personajes. Cuando preparábamos "Antígona", Teresa Ralli, para hablar de este trabajo, convocó a un grupo de mujeres madres y hermanas de desaparecidos. Las mujeres escucharon atentas antes de darnos sus testimonios y se asombraron al encontrar la historia de Antígona tan similar a la suya, y más aún al saber que esa historia se venía contando en los teatros del mundo desde hace más de dos mil quinientos años. Ver y escuchar en nuestra sala a esas Antígonas peruanas; entrar en diálogo con su realidad cotidiana de lucha por encontrar los cuerpos de sus maridos y hermanos para darles sepultura, no sólo nos hizo entender por qué hacíamos este trabajo sino que le dio a Teresa la base de presencia física que, sin saberlo muy claramente, estábamos buscando.

Antígona tuvo muchas motivaciones pensadas y acumuladas en las imágenes y sensaciones vividas en estos años. Ahora pienso que justamente para estas mujeres concretas de carne hueso hicimos la obra, y ellas están allí en la mirada, las manos y los gestos de Teresa. Un texto que podría considerarse de no fácil acceso, especialmente para un público no familiarizado con el "Teatro universal", encontró, a través del cuerpo de la actriz, el nexo que le permite conectar con una realidad conocida por los espectadores sin que sea necesario hacer referencias explícitas.

En las funciones dadas en barrios populares, y especialmente en provincias del sur andino, hemos comprobado al sentir la recepción del público cuán prejuiciosos podemos ser, aún a pesar nuestro, cuando nos dirigimos a los espectadores que no pertenecen al circuito teatral establecido.

Ahora Antígona estaba en Huanta, muy cerca del Estadio, el mismo que antes fue convertido en escenario de torturas.

"Hoy es el primer día de la paz.
Las armas enemigas aún no han sido recogidas y están
dispersas
sobre el polvo como ofrendas inútiles.

Qué rápido el viento de la madrugada ha borrado las huellas
de huida de los argivos.

Cuando la luz es brillante como la de esta mañana, parece
que el pasado
es más lejano.
Pero no, ellos huyeron apenas anoche, no más noches.
Antes de nuestro último sueño fue el tropel de su desbande.

Vinieron
y se posaron sobre nuestros tejados cual águilas armadas
y pusieron en nuestras siete puertas
siete renombrados capitanes
y nunca acallaron sus siniestros gritos de guerra."
(7)

Alfonso Cánepa se busca a sí mismo para enterrar su cuerpo ausente, Antígona busca el cuerpo del hermano condenado por las leyes de los hombres a no ser enterrado y Rosa Huanca va aún más allá de su propia muerte para encontrarse con su hijo.

No sólo la realidad y la ficción parecieron eliminar fronteras durante los procesos creativos y las funciones de estas obras. Algunas veces, durante las audiencias públicas, pobladores humildes de origen campesino se acercaron a los personajes a ofrecer sus testimonios. En Vilcashuamán los campesinos salieron despavoridos cuando se encendieron los pequeños cuetes que se usan en "Adiós Ayacucho". Todo se ha mezclado, todo se ha removido al agitarse la memoria.

Alfonso Cánepa podría ser el hermano muerto de Antígona y Rosa Huanca su madre que se encuentra con él después de su propia muerte en una danza sin fin que se niega al olvido.

 

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NOTAS:

(1) En "Adiós Ayacucho" de Julio Ortega, versión teatral de Miguel Rubio, unipersonal de Augusto Casafranca, estrenado en 1990.
(2) Idem
(3) Participaron en el Primer Encuentro los Grupos "Audaces" de Arequipa, "Yawar soncco" de Ayacucho, "Rodolfo Rodríguez" de Cusco, "José María Arguedas" de Andahuaylas, "Algovipasar" de Cajamarca, "Olmo" de Trujillo y Yuyachkani.
En 1990, se realizó el Segundo Encuentro donde participaron los grupos "Raíces" de Lima, "José María Arguedas" de Andahuaylas, "Expresión" de Huancayo, "Magia" de Lima, "Barricada" de Huancayo, "Kapuli" de Cusco, "Cuatrotablas" de Lima. Estuvieron también "Malayerba" de Ecuador, "La Candelaria" de Colombia, "Teatro Dos" de Chile, "Silvia Barrios" de Argentina y "Fora do Serio" de Brasil.
En junio de 1998 dentro del marco de la celebración de los 50 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se organizó el Tercer Encuentro, como una respuesta en contra de la impunidad y el olvido de las numerosas violaciones de los derechos humanos ocurridos en el Perú en los últimos 25 años.
En dicho evento se presentó una retrospectiva de las obras de Yuyachkani que aluden en forma directa la problemática de los derechos humanos. Ante un público que llenó la sala teatral del grupo, en su mayoría jóvenes, se repusieron las obras "Adiós Ayacucho", "Retorno", "No me toquen ese valse" y "Baladas del Bien-Estar".

Un día antes del inicio del encuentro, cuarenta actores y músicos, tomaron la Plaza San Martín, en el centro de la capital, con una acción teatral, cuyo lema "Tenemos derecho a la Vida", fue en protesta contra la ley de amnistía que la dictadura aprobó en beneficio de los actores intelectuales y materiales de los asesinatos de estudiantes universitarios, docentes y humildes pobladores en la Universidad La Cantuta y en Barrios Altos, respectivamente.

El IV Encuentro se realizó en el año 1999, dentro del marco del Año Internacional de Lucha Contra la Tortura y el Maltrato y de la Campaña Nacional a Favor de Presos Inocentes y Requisitoriados en el Perú.

La programación incluyó al "Grupo Vichama" de Villa El Salvador, Grupo "Expresión de Huancayo", Lieve Delanoy de Bélgica-Andahuaylas, Grupo "Estudio 7" de Alemania y Teatro "Rodante" de Colombia-México.

El V Encuentro realizado en Julio y Agosto del 2003 tuvo como finalidad acompañar la espera del informe de la Comisión de la Verdad. Se presentaron obras del repertorio del grupo en diferentes puntos de la ciudad: "Adiós Ayacucho" se presentó en la Universidad Enrique Tomás y Valle (La Cantuta), en la Universidad de Ingeniería, en la Plaza de Armas de Lima; "No me toquen ese Valse" en la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático, en la Escuela Nacional de Folklore y en la Galería de la Escuela Nacional de Bellas Artes, "Rosa Cuchillo" en el destruído Banco de la Nación (esq. Lampa y Colmena) en Lima, en el Mercado Central de Huaycán, Ate y en la Plaza de Armas de Lima, "Antígona" en el Auditorio de la Municipalidad de Comas y en el Teatro Vichama de Villa El Salvador donde también se presentó "Santiago" .

(4) ANTÍGONA, versión libre de la tragedia de Sófocles, José Watanabe. Febrero del 2000.

(5) Testimonio: petróleo y tierra
"La Marina tiene sistemas de eliminar: los matan desnudos para que no los reconozcan. Ni sortijas, ni aretes, ni zapatos, ni ropa interior y las prendas se queman. El ejército todavía eran más quedados, los avientan como están y por la ropa saben quién ha sido. Y la forma era amarrados, no los desataban... y no empleaban armas, inicialmente usaban una calibre 22 con silenciador. En Huanta había y en cada destacamento me parece que había, y después la orden era ya todo arma blanca, con la finalidad de que culparan a los terroristas. Los mataban y los enterraban lejos. Lo hacían los operativos. Los llevaban en una camioneta blanca y una roja que el ejército prestó, eran de esas que las llaman pick up. Sólo en Huanta pasaba eso. Y los lugares donde los llevaban eran bien a las afueras, yo creo que era como saliendo de Huanta rumbo hacia Huancayo, muy lejos. Ellos salían a las 11 de la noche y regresaban a las 3 de la mañana. Y las zanjas en las tardes las mandaban hacer, una patrulla mandaban para eso. Y la mecánica era tierra, petróleo y tierra, para evitar las moscas. Porque llegó la queja de que en un lugar habían encontrado una fosa por las moscas, entonces qué se puede hacer contra las moscas: petróleo. Y allí dijeron que hagan las fosas más grandes o más hondas y que lleven petróleo"

* Ex infante de la marina en testimonio reservado a la CVR.

(6) ANTÍGONA, versión libre de la tragedia de Sófocles, José Watanabe. Febrero del 2000.
(7) Idem.