Coordinadora:
Doris Sommer
La cultura es agencia; permite dar respuestas creativas a constreñimientos sociales. Cuando los humanistas reconocemos la creatividad de los artistas/activistas, de los administradores o los maestros, podemos investigar los efectos y considerar posibles desarrollos. Estas reflexiones constructivas son contribuciones a la sociedad civil que van más allá de las críticas comunes a la injusticia o la asimetría por las que se han caracterizado los estudios culturales. Los agentes culturales promueven el cambio a través de subrayar y explorar los muchos modos en que las prácticas culturales afectan a nuestras sociedades. La democracia se entiende como un ejercicio de creatividad colectiva que demanda cierta predisposición hacia “el arte” de armonizar diferencias entre la ley, la cultura y la moralidad. Este punto de partida nos obliga a desarrollar derechos y recursos a través de innovaciones que puedan transformar las limitaciones en verdaderas fuentes de creatividad.
Agentes culturales ejemplares como Augusto Boal y Antanas Mockus sirven de modelo e y de inspiración, del mismo modo que muchos artistas/activistas que podemos encontrar en cada una de nuestras áreas de estudio. La labor innovadora de Mockus como alcalde mayor de Bogotá revitalizó el espíritu cívico entre los ciudadanos de una ciudad que tenía, entonces, muchos problemas y redujo la tasa de homicidios en un 60%. Augusto Boal, fundador del “teatro del oprimido”, involucró ciudadanos en la performance del teatro legislativo y ha generado ya 13 ordenanzas municipales en Rio de Janeiro. Nuestro grupo de trabajo hará recuentos de una variedad de mecanismos y efectos que se producen cuando el arte y la reflexión intervienen en la vida cívica, y seguiremos reflexionando sobre la relación entre democracia, creatividad y educación para desarrollar expectativas [y responsabilidades] respecto a los aportes culturales a la sociedad civil.