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Diana Lía Amiama
"Acerca de la globalización,
las migraciones y el espacio público
Algunos paralelos con el Teatro"
Aceptando el mundo como una
comunidad de comunidades, cada individuo es una criatura única,
potente, diversa, integrante del todo y enriquecedora por su alteridad,
su capacidad de crear y recrear, diferenciarse, disentir, accionar por
los condicionamientos y presiones de distinta índole, ya se ejerzan
en su ámbito particular o en el ámbito de su comunidad,
pequeña representación del mundo.
La geografía donde se asienta la comunidad de este individuo es
el espacio público, lugar de reconocimiento, de pertenencia, de
convivencia e intercambios; de enfrentamientos, expresión y desastre,
de creaciones, de construcciones individuales y colectivas, lugar de la
memoria de la historia, de manifestación de conflicto en el presente,
lugar del accionar de una comunidad.
Aceptando al Teatro como representación/
reproducción/ revelación/ descubrimiento/ construcción
de una vida, de la vida, de un mundo, del mundo ... del mismo modo que
de mundos soñados donde cabe todo pensamiento/lógica/esquema
dinámico, encontramos al personaje.
El personaje, ese ser complejo, completo, dotado de psiquis, un cuerpo
moldeado a la circunstancia caprichosa en que lo puso el autor, condicionado
por el espacio escénico a su vez preconcebido tanto cuanto él
mismo por el dramaturgo, luego recreado por el escenógrafo, condicionado
o potenciado por las posibilidades de la geografía real del teatro
o del espacio público cuando coincidente con éste, como
ahora acostumbra a aventurarse en sus puestas el teatro, y donde los edificios,
el público particular, la hora elegida y su consecuente luz propia,
la presencia o ausencia de techo, foro, arena, tribuna, coro... todo en
fin, lo enmarca y recorta, lo empuja y se suma al conflicto que carga
el personaje al paso que la paradoja inmanente en la obra desata a andar
la peripecia o un simple devenir que obliga a accionar, a moverse, a ir
o venir; o a estarse violentamente quieto mientras algo o más que
algo... cambia. Esa posibilidad de cambiar, accionar, es semilla de esperanza
que nace como metáfora poética en mundos soñados,
mejores, utópicos, alternativos y prospera por traslativa en nuestra
comprensión del mundo real.
Aceptando la globalización
como tendencia que unifica, aplana, moldea seres seriados, allanadas sus
diferencias físicas a favor de modelos/arquetipos con hábitos
semejantes y demandas a medida de una administración del poder
prolijamente organizada en suministrar lo necesario al individuo/consumidor,
para evitar el conficto y acallar todo deseo en él, número
en la mansa/ gente/grupo/colectivo humano que podrían esgrimir,
todos y cada uno, pasaportes de diversas nacionalidades o ser todos españoles
por ej. (daría igual), irreconocibles en el lenguaje resultante
de sucesivas contaminaciones, jergas, abreviaturas, tics, fonemas de moda,
etc... desconocedores o indiferentes a los ciclos de la naturaleza, con
sus frutos y sorpresas enrarecidos de por sí debido a la devastación
ecológica, a la contaminación salvaje, a la manipulación
genética del reino animal y vegetal y sus consecuentes triunfos
económicos en las góndolas de los hiper-mercados donde ya
se ofrecen peras del Caribe y vinos del Rhin procedentes de Brasil o hamburguesas
de lombriz/oveja/vaca ... ¿clonadas?
La globalización resulta muy conveniente para la dominación.
Convengamos en que es más fácil dominar mercados cuando
se sabe qué se puede esperar de la gente/cosa que demanda, tanto
más si ésta no difiere de la de otras comunidades capturadas,
cree en lo mismo, pide lo mismo y habla del mismo modo, tiene la memoria
confundida en un pasado común, mal contado y lejano y un proyecto
futuro idéntico, fruto de los out-door, propagandas ingeniosas
y video clips tan igualitos y seriados, expuestos en idénticas
curvas de diferentes autopistas en ciudades iguales, en rascacielos de
vidrio standarizados de cualquier capital o más domésticamente
y no menos efectivos, en las pantallas de TV de sus hogares ...
Así, de dominar un mercado a dominar políticamente a una
comunidad unívoca y uniformizada hay un saltito.
(Imagino a Hitler encontrando esto de la globalización muy interesante
y práctico y lamentando que no se le hubiera ocurrido antes a él).
Entonces, esbozados estos conceptos
a "vuelo de pájaro" propongo el siguiente ejercicio de
imaginación:
Compramos una entrada para
ir al teatro a ver una obra donde sobre los personajes han surtido efecto
los efectos de la globalización.
A la salida, en el hall, los comentarios podrían ser:
Me recuerda las charlas en
la empresa.
A mí las del ascensor de nuestro edificio.
¿Nos estarían imitando?
Me identifiqué por lo aburridos y me aburrí.
No conseguí entender quién era quién.
Yo los diferencié por el color de las pelucas.
Por momentos sentí que el público estaba en la escena.
Igual de tristes que en mi familia.
Para mí son hiperquinéticos con adecuado autocontrol. Todos.
Hablo con conocimiento, yo soy así.
También algunos pocos
dirán, o tan sólo dos... o al menos... siquiera uno diga:
No van a convertirme en eso.
Yo recuerdo mi naturaleza.
No me les parezco, ni siento así.
Yo soy diferente.
Propongo ahora un segundo ejercicio de imaginación:
Un director globalizado con
pretensiones de dramaturgo, escribe una versión de Hamlet (inútil
pretensión bastante generalizada en estos días) intentando
domesticar al personaje protagónico:
"Mirá Hamlet, no
me vengas con que Claudio le tocó la pierna por debajo del mantel
a Gertrude, ya nadie se quejaría por eso, ¿quién
no ha deseado a su cuñada oportunamente? Lo podés ver en
todas las películas. La moral hoy es otra cosa, está todo
bien. Lo de tu viejo, el fantasma, sí el fantasma, el rey Hamlet!
¿me hago entender?¿Cómo explicarte, a ver....? no
intentes armar rosca por la memoria de un muerto, es poco práctico,
si lo vieras de esta manera... tomalo como una culpa que viene onda virtual,
como un holograma incómodo porque ¿quién puede creer
hoy en los fantasmas?! Si seguís insistiendo van a pensar que estás
mal medicado, la enfermedad te deja solo, te aísla... Gertrude
ya es grande para acostarse con quien le parece ¿No te haría
sentir mejor pensar en las piernas de Ofelia? Date un tiempo para lo que
te hace bien, estás muy distraído, tardás dos tercios
de la obra en tomar la decisión de matar a alguien y mirá
que tuviste un montón de oportunidades. No sólo eso, cuando
lo hacés por primera vez, matás de casualidad y te equivocás
de persona, no importa; rapidez es la cuestión, conectate, viví,
sentí, entregate o hacé, pero rápido. Mirá
a Laertes. ¿No podés parecértele en algo? Guildenstern?,
Rosencrantz tampoco? A Keneth Branagh aunque sea! . Hay competidores,
me veo en la obligación de avisarte y no hagas como que no te importa
porque Romeo, Teobaldo y Mercucio no son poca cosa y cuando les gustan
las mujeres, se les nota, son divertidos!!!
A Fortinbrás dejalo donde está, ni tiene que venir.¿Para
qué la guerra? Repartan, arreglen, negocien. Tiene tu edad, se
van a entender... algo tendrás para venderle o canjearle y que
se vaya con sus tropas o se quede dentro de la fontera pero que con-su-ma
o pague peaje.
¿Necesitás todo ese artificio de armar teatro dentro del
teatro para demostrar la culpabilidad de tu madre y tu tío?, ¡dos
viejos! A quién puede interesar dos viejos!, con la jubilación
que ganan qué pueden consumir! Además los viejos se mueren,
por definición. Pensá positivo y no desperdicies recursos
en ...
Olvidáte, está todo bien, lo tuyo no es ningún drama,
concentrate en lo que tengas para ofrecer y agenciarte, ejercé
influencia a través de tu madre, compartí el poder, después...
vos podés ser rey, ¿sopesaste esa posibilidad? Sin moverte
de donde estás, podrías hacer maravillas con sólo
un pequeño cambio de actitud. Vamos, vamos... Elsinoor y el mundo
están ahí...! No dudes."
Si Hamlet es Hamlet puede que
responda:
Yo tengo mi dilema.
Es pequeño, no vale nada para los demás, pero es lo que
da sentido a mi existir.
Yo soy Hamlet.
Yo soy diferente.
Yo soy diferente.
Yo estoy diferente también. Mi país está diferente
y el mundo está diferente de cómo estaba cuando envié
la sumilla.
Confieso que entre la sumilla y mi trabajo definitivo (definitivo hasta
la próxima corrección) han mediado hechos económicos
-me refiero puntualmente a lo que se vivió en Argentina- que todos
deben conocer ya que son titulares candentes en diarios respetables de
muchos países y que me han llevado a reflexionar sobre si ¿no
sería más interesante para todos ustedes que yo les contara
lo que sucedió, sucede y probablemente sucederá en mi país,
"dealing case" del fracaso de la visión fundamentalista
globalizante junto a políticas neoliberales aplicadas en un país
financieramente fragíl, como todo país latinoamericano,
donde operó fructíferamente el pensameinto único
(tomen nota), se abrieron los mercados nacionales al exterior, se protegieron
las inversiones extranjeras, la propiedad intelectual, la libre circulación
de capitales, se garantizó la libertad de prensa y el multipartidismo,
blablabla y ah! se intentó el equilibrio fiscal; se intentó.
Lamentablemente no se consiguió porque las remesas por los servicios
de deuda (mi país es latinoameicano, recuerden, dependiente, recuerden,
emergente o en vías de desarrollo, usen el eufemismo que prefieran)
decía, desequilibraron la balanza del presupuesto y ya no quedaba
individuo (linda palabra en estos tiempos), persona física o jurídica
de la cual exprimir un solo centavo más para seguir remitiendo
sumas/divisas/wahtever al exterior o exilibrar las cuentas.
Creo que no me faltó nombrar a ninguno de los componentes que caracterizan
el cuadro de situación de un país globalizado.
Así nos fue.
La transculturalidad, interculturalidad, multiculturalidad, homogeinización
y fraccionamiento articulado del mundo en la narrativa artística
y científica que percibían/atestiguaban/reordenaban las
diferencias sin suprimirlas también estaban presentes, pero las
dejo de lado porque a la hora de los números son conceptos no mensurables
y aunque muy característicos constituyen variables "despreciables",
matemáticamente despreciables_ fue una coincidencia_ sorry y que
tuvieron que ver pero no tanto en el fracaso de un país globalizado,
"niña de los ojos" del Fondo Monetario hace dos o tres
años nomás y que hoy ya no pertenece al Tecnocosmo/Nueva
Babel/Shoppingcenter Global/Tercera Ola/ Sociedad Amébica/Mundo
Globalizado, enfin...
Algo indica que el espacio público, donde los actores legítimos
u originadores del discurso político y consecuente accionar de
una comunidad
democrática tales como la gente manifestando, registrado su discurso/necesidad/voluntad
a través de los sondeos, representada por los políticos
en quienes delegan su accionar y relevada en esta circunstancia por el
periodismo o los medios, ahora que las sociedades son numerosas, vuelvo
al punto, los actores legítimos del espacio público fueron
suplantados por otros no tan legítimos pero muy poderosos, eso
sí:
los grupos económicos y con ellos... todos sus agentes (financieros,
los políticos- sí, con un rol de agentes-, los medios, los
encuestadores, los intelectuales y los tecnócratas.)
Degradado el discurso político por la servilidad de los representantes
del pueblo frente a los grupos económicos; envilecida la palabra
por la falta de acción; manejadas las encuestas que tendrán
más de un valor para cada ítem, según quien pregunte;
dominados los medios que, en general, son parte del pool económico-financiero,
nos quedan... ah sí!, los intelectuales que se pusieron el despertador
ahora, recién ahora cuando el tren nos está pasando por
encima. Dejaron de analizar los hechos del pasado (convengamos que en
esto se asemejaban bastante a los agentes de bolsa) para empezar a pensar
cómo se resuelve el dilema del hoy, revolviendo bibliotecas propias
y ajenas (incluídas las disponibles en internet) por no mirar a
los chicos desnutridos en la vereda. Los tecnócratas, ya sabemos,
son los compañeros silenciosos de los políticos a la hora
de elaborar los informes que los políticos no podrían redactar
mientran arreglan comisiones y devoran canapés en los centros de
decisión a donde se los invita a participar.
Yo creía que, como todo fenómeno mediático, la globalización
tendría cosas buenas...con su comunicación exacerbada y
su vértigo y esa sed contagiosa de conocer a otros seres y sus
costumbres, esa posibilidad soñada de estar on-line con el mundo
para entendernos mejor, forjarnos mas completos y permeables, generosos,
comprensivos, dúctiles, políglotas, para dar y recibir,
ir y venir, intercambiar, cambiar, contemplar, prestar atención,
ofrecer, transitar, descubrir... qué lindos verbos!!!!! Pero no.
No.
En verdad creo que la globalización sólo conoce una visión
fundamentalista que aliada a las políticas neoliberales con que
se implementa en distintos países no constituye sino un nuevo absolutismo.
Lo demás es ficción.
Es el nuevo absolutismo.
El que no compra, será excluído. Todos los despojados, los
violentados en sus garantías, los enfermos y abandonados, la niñez
desnutrida, los países desvastados en su naturaleza y empobrecidos
no podrán comprar y saldrán de la Gran Aldea.
Sus ciudadanos no serán ciudadanos del mundo y nadie levantará
la voz por ellos. Hay que reservar la voz y los decires para preguntar,comparar,
pedir, competir y comprar mejor.
Los pobres son de países que no entendieron de qué se trata
esta globalización imaginada.
Los pobres de mi país, son más nuestros que nunca.
En Argentina los bancos saquearon a sus clientes y están rodeados
de cercos de alambre como pajareras porque les temen, les temen a sus
clientes! y el Congreso o Parlamento en la Capital, así como buena
parte de su representación a escala en las ciudades del interior
(Municipios/Concejos Deliberantes) están rodeados de cercas perimetrales
de la altura de 3 personas subidas una sobre la cabeza de la otra, porque
quienes representan a los individuos, temen a sus representados.¿!
Los bancos más serios del mundo se quedaron con los ahorros de
sus clientes, los remitieron a sus casas matrices y nadie levantó
la voz por nosotros. Las empresas extranjeras más sólidas
del mundo compraron fuentes de energía, comunicaciones, servicios,
alimentos, fábricas y ahora nos abandonan.
¿No supimos ver? No. No supimos ver.
¿Fuimos cobardes? Sí, también. Nosotros los dejamos
hacer a su gusto... Nos creíamos parte de algo grande que nos amparaba
y se extendía en una comunidad enorme, que funcionaba más
o menos armónicamente... que no era tal.
Las cosas no eran así.
Fuimos esquilmados sin piedad por señores que en sus países
de origen usan corbatas sobre camisas impolutas, van al servicio los domingos,
cantan salmos, se portan muuuuy bien y no son buenas personas. En mi país
hicieron alianzas/componendas/negocios en fin, inadmisibles en los suyos,
con argentinos desleales y de baja estofa, pero poderosos también
y que como ellos usan corbatas sobre camisas igualmente inmaculadas y
van a misa.
Esa gente tiene mucho que ver. Pero ser pobres es mérito nuestro.
Si cupiere una didascalia en esta última frase diría: "pronunciar
con serenidad, haciéndose cargo. Nada de ironía."
Ser violenta/súbita/sorpresivamente pobres es mérito nuestro.
En los barrios de las ciudades
de mi país ahora... las personas han vuelto a reunirse y a hablar.
No dejan entrar a los políticos a esas reuniones.
Esas reuniones se llaman asambleas barriales, el nuevo espacio público
donde la crítica de la comunidad unida a un incipiente accionar
recuperado, a los vestigios de su tradición, a los harapos de su
creatividad y a alguna que otra manifestación no susceptible de
ser transformada en mercancía, empiezan a dar batalla al engendro
fuertemente académico que se dio en llamar ficción globalizadora,
donde cultura y barbarie... unidas nuevamente... siguen ¡tan elegantes!
ambas de la mano, en esta ocasión como en tantas otras del pasado.
Pero, la vida se renueva.
Hamlet muere cada noche en algún teatro del mundo.
Muere demodé, atribulado, diferente de todos por permanecer igual
a sí mismo y tal vez por eso mismo, siempre vivo.
Diana Lía Amiama.
Te : (54 221) 451 1750
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