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Wilson Loria
Acto de Desaparición:
Ser aceptado como intelectual en un mundo globalizado
Cuando escuché que
el tema de nuestro presente seminario sería Globalización,
Migración y Esfera Pública, pensé inmediatamente
en el libro de Diana Taylor que había leído recientemente
titulado: Disappearing acts: Spectacles of Gender and Nationalism in Argentina's
"Dirty War". La mayor parte del libro trata sobre como la identidad
nacional es amoldeada, engendrada y presentada a través del espectáculo
y del espectador. Su primer capítulo Caught in the Act visiblemente
toca un punto muy importante para aquellos que están directamente
involucrados en las artes performáticas, bien sea, escribiendo
sobre ellas o estando en el escenario. En el mismo, Taylor describe sus
sentimientos e ideas sobre Paso de dos, pieza escrita por el dramaturgo
y psicoterapeuta argentino Eduardo Pavlovsky, sobre las inquietudes y
emociones de la Argentina de la década de los 90. La pieza también
muestra la perversidad del torturador; como su victma se convierte en
su "necesidad", y como "su dependencia lo hace sentirse
vulnerable, violento, y enfermizamente celoso". La pieza sólo
trata de las inquietudes con respecto a la memoria nacional y el olvido,
sino también, con "la necesidad de re-imaginar la comunidad".
Taylor compara Paso de dos a "un acto de desaparición teatral",
que "claramente ilustraba la mecánica de la construcción
de una nación, que ya había asociado previamente con la
Guerra Sucia". En dos encuentros en los que Taylor asistió
en Buenos Aires - el primero de ellos, un foro público sobre Autoridad
y Autoritarismo, y el otro, una entrevista con el autor de la pieza Paso
de dos - ella escribe que ambos encuentros "resultaron ser muy explosivos".
Cuando Taylor sugirió que, "la presentación reprodujo,
en vez de demantelar el discurso autoritario militar" ; uno de los
oradores en el foro le ordenó a Taylor que se callara. Yo confieso
que cuando leí estas líneas sentí temor por Taylor,
así como también, por cualquier persona que trata de dar
su opinión de una manera imparcial dentro de un marco de una discusión
supuestamente imparcial. La libertad de expresión no era, definitivamente,
una de las prioridades de ese foro en la Argentina. Y luego, mis preocupaciones
fueron confirmadas cuando - en un párrafo más abajo - leí:
"Alguien de la audiencia me llamó de fascista por tratar de
restringir o de censurar lo que podía y no podía ser mostrado".
Por supuesto, Taylor escuchó lo que yo más temía,
que ella no había experimentado ser torturada y que debía
quedarse callada. Y por si fuera poco, Taylor fue tildada de "yanqui
feminista". Sí, yanqui y feminista. En total, que Taylor fue
duramente criticada y acusada de ser una "outsider".
¿Cuál es, entonces, el rol de un intelectual en el mundo
"globablizado" actual?
Conseguir una respuesta a esta incognita se convirtió, eventualmente,
en el objetivo de este trabajo.
...
Durante sua estadía en la presidencia, el mandatario argentino
Menem perdonó a cientos de oficiales militares de alto rango que
estuvieron, sin duda alguna, involucrados en la desaparición de
millares de ciudadanos argentinos. Este fue, indudablemente, el recurso
burocrático usado por el status quo para hacer que toda una comunidad
olvidara su historia, y su lugar en la historia. ¿No debería
ser, entonces, el rol de un intelectual vigilar para que esa historia
comunal nunca sea olvidada? Yo pienso de todo corazón que sí.
La comunicación a través de diferentes culturas debe ser,
indiscutiblemente, el más importante precedente en el mundo de
hoy, si éste mismo mundo tiene la voluntad de superar situaciones
como las que experimentó Taylor en dicho foro. Es del conocimiento
general, que uno puede disfrutar de cosas que fueron creadas en lugares
distintos foráneos a uno. Taylor nos da ejemplos de gente - y aquí
me refiero a los participantes en ese foro - quienes eran, y seguramente,
son culturalmente desconfiados, y quienes en ese momento desestimaron
la abilidade de Taylor para aprender, escribir y/o dar su propia opinión
sobre la Guerra Sucia Argentina, por medio de la puesta en escena de Paso
de dos, sin haber tenido que pasar por tan horripilante experiencia. Decir
que Taylor no tiene el derecho de hablar sobre tortura ya que ella nunca
ha sido torturada, es decir que nadie tiene el derecho de escribir o hablar
sobre la construcción de Machu Pichu porque él o ella nunca
estuvo ahí subiendo esas inmensas piedras. La reacción a
los puntos de vista de Taylor demuestra, una vez más, como esas
personas al tildarla de fascista y de yanqui, sólo querían
deshacerse de cualquier opinión externa, como si ellos - solos
- pudieran salvaguardar su propio nacionalismo cultural, manteniendo alejada
cualquier posible intervención de afuera. Yo creo firmemente que
este "salvaguardar del propio nacionalismo cultural" no tiene
lugar en el mundo de hoy, sino que por el contrario refleja cúan
peligroso y debilitante puede resultar el aislamiento.
Como intelectual, Taylor estaba en todo su derecho de ejercer su oficio
como aguda observadora, una teórico que ha escrito sobre performance
y políticas por unos cuantos años. Ciertamente que ella
nunca ha vivido en la Argentina para atestiguar sobre las atrocidades
cometidas contra el pueblo argentino. Sin embargo, la investigación,
la lectura, el entrevistarse con diversas personas, y el buen sentido
común tienen que haber sido los instrumentos utilizados por Taylor
para sentirse con la seguridad necesaria para intervenir en dicho foro.
Como escribió John Stuart Mills, intelectual británico del
siglo XIX, "si nunca actuáramos en nuestras opiniones porque
las mismas pudieran estar erradas, deberíamos dejar todos nuestros
intereses sin atender, y todos nuestros deberes sin hacer".
En el prefacio de su libro, Taylor escribe que ella percibe los "divididos"
(p.ej. EE.UU./Argentina, "outsider/insider", voyerista/testigo,
teatro/políticas) como barreras conceptuales. ¿No debería
ser el rol del intelectual de ahora, mucho más comprendido y aceptado
en esta seuda comunidad global en la que vivimos, si ambas partes (artistas
e intelectuales) rompen con esas barreras de antemano? ¿No saldría
a la luz más fácilmente la verdad entre ambas as partes
con la ruptura de esas barreras? Y aquí, una vez más, yo
cito a John Stuart Mills quien escribió que, "la verdad, en
las grandes inquietudes prácticas de la vida, es tanto una cuestión
de la reconciliación y combinación de los opuestos, que
muy pocos tienen mentes suficientemente capaces e imparciales para hacer
los ajustes necesarios con un enfoque en lo que es correcto, y tiene que
ser hechos a través del áspero proceso de la lucha ente
combatientes luchando en diferentes bandos hostiles".
Yo vengo de una experiencia en donde ir a los barrios pobres, a las estaciones
del metro y a las instituciones para los niños de la calle abandonados,
en mi ciudad natal de São Paulo en los años 70 para presentar
obras de teatro para las personas sin recursos - fue mi praxis. Y, por
supuesto, no puedo negar que, por una parte, todavía deseo y sueño
de ver a un intelectual subirse las mangas de la camisa - por decirlo
así - para participar en el proceso de cualquier actividad política;
pero por otra parte, yo simplemente no puedo olvidar que la meta de un
intelectual, como Taylor lo señala brillantemente, es "examinar
las politicas del mirar".8 Y después de observar, nadie puede
negar que la teoría puede ser la inevitable respuesta que salga
de la pluma o de la máquina de escribir de un intelectual. Como
escribe la profesora brasilera de educación, Lúcia Bruno,
en A Heterodoxia no pensamento de Mauricio Tragtenberg, "La teoría
no es la expresión de una verdad intrínsica a una 'cosa'.
La teoria piensa y comprende la praxis acerca de la cosa, no la cosa per
se. La realidad de unca cosa, en las palabras de Bahkunin, es desaparecer
o transformarse a si misma. Así, la única función
de la teoría es indicar los caminos posibles, y nunca dominar la
praxis".9 Una vez que la teoría se apodera del control, el
autoritarismo hará su aparición a través de peligrosas
doctrinas, bien sea del gobierno autoritario, o de alguna otra institución
como la iglesia u otros grupos religiosos. En el caso de Taylor, era evidente
que los participantes del foro no estaban en la disposición de
aceptar el hecho que Taylor no estaba allí para imponer, de manera
alguna, su visión sobre la pieza y su particular interpretación
del pasado argentino. Ella estaba allí para señalar otras
maneras de comprender lo que la pieza, primeramente, intentaba de comunicar
en el escenario. Una vez más, esos participantes parecían
estar culturalmente atemorizados que un posible camino de entender su
realidad fuera por medio del punto de vista de una "outsider".
Su única preocupación, me parece, era rechazar y silenciar
a la yanqui en la audiencia.
Por lo tanto, ¿cuál es la repercusión real y directa
de las ideas de un intelectual en el llamado medio ambiente democrático?
¿Qué puede hacer un intelectual para ayudar a la clase obrera,
a los artistas, a los actores, a los activistas políticos y a las
instituciones? ¿Puede un intelectual hacerse entender por su propia
comunidad? ¿Cómo puede alcanzar a otras comunidades sin
ser tildado de "otusider"o extranjero?
Yo creo que todas estas preguntas resultan muy pertinentes, particularmente
en este momento que hemos estado compartiendo estes últimos días;
ya que, ¿quiénes somos nosotros sino personas interesadas
en el "otro"? ¿Qué clase de experiencia compartida
podemos sacar si es la crítica la única salida que tenemos
en cualquier foro o discusión? Si nosotros los pensadores, los
artistas, los activistas e intelectuales de las Americas continuamos erigiendo
paredes alrededor de nosotros, ¿cómo podremos conocer lo
que el otro piensa y escribe sobre nosotros? ¿Si el nuevo proceso
de comprender y compartir experiencias del uno con el otro no fueran iniciadas,
no estaríamos nosotros, ingenuamente, reproduciendo la misma vieja
história, la misma vieja letanía que nos ha acompañado
desde la Conquista?
Ya es hora de que nos abramos. Insultarnos es indudablemente una forma
de alejarnos de nuestro objetivo de conocernos mejor unos a otros. Y lo
más importante, la libertad de expresión debe ser el emento
sine qua non para que este proyeto comunal se haga realidad.
Siendo escritor y actor, no puedo negar que la crítica puede, en
ocasiones, tanto ayudar como impedir el trabajo de un artista. Sin embargo,
no puedo negar tampoco, que teniendo un crítico, un intelectual
observando y eventualmente, escribiendo sobre el trabajo de uno es definitivamente
un gran recurso para cualquier artista dispuesto a crecer en su campo.
Escuchar la opinión de otros sobre el trabajo propio debe ser un
valido recordatorio que el trabajo de uno no está casi nunca terminado.
Resulta más bien dificil para mí, en este momento, tratar
de entender lo que queremos decir por globalización, si los mismos
artistas no están dispuestos a ser criticados.
Y como dijo R. Tagore, el poeta bengalí:
"Todo lo que entendemos y disfrutamos en productos humanos instantaneamente
se convierten en nuestros, sin importar su lugar de origen. Yo estoy orgulloso
de mi humanidad cuando puedo reconocer a los poetas y artistas de otros
paises como míos. Déjame sentir con inmensa alegría
que todas las glorias del hombre son mías".10
Si un artista o un activista no puede abrirse a la crítica que
viene de un "outsider", o más bien de uno mismo, entonces
la globalización (y quiero decir una globalización verdadera,
dondo todo el mundo pueda, indiscutiblemente, ser parte de un proyeto
mundial más amplio que tanto añoramos) estará destinada
a no ser otra cosa que otro acto de desaparición.
Notas:
Diana Taylor. Disappearing
Acts: Spectacles of Gender and Nationalism in Argentina's "Dirty
War". Durham and London: Duke University Press (1997): pp.2.
Diana Taylor. Disappearing Acts: Spectacles of Gender and Nationalism
in Argentina's "Dirty War". Durham and London: Duke University
Press (1997): pp.17.
Ibid.
Ibid.
Ibid.
John Stuart Mills. Of Thought and Discussion in On Liberty. Indianapolis/Cambridge:
Hackett Publishing Co., Inc. (1978): pp.18.
John Stuart Mills. Of Thought and Discussion in On Liberty. Indianapolis/
Cambridge: Hackett Publishing Co., Inc. (1978): pp.46.
8 Diana Taylor. Disappearing Acts: Spectacles of Gender and Nationalism
in Argentina's "Dirty War." Durham and London: Duke University
(1977): pp.xii.
9 Lúcia Bruno. A heterodoxia
do pensamento de Maurício Tragtenberg in Maurício Tragtenberg:
uma vida para as Ciências Humanas. São Paulo: Unesp (1999)
pp.114. (mi traducción)
10 Amartya Sen. Development as Freedom. New York: Anchor Books (1999):
pp.242.
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