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Un viraje posible
by Alejandro Horowicz

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Desde fines de la II Guerra Mundial las elecciones presidenciales norteamericanas tienen dos rasgos determinantes: el número de votantes es crecientemente menor que el de los ciudadanos con derecho a voto, y ese último número con ser importante resulta mínimo respecto al de afectados por la política del gobierno federal dentro y fuera de los Estados Unidos.

Tan bajo nivel de participación cívica sumado al sistema político – elección de electores, elección indirecta - contiene una peligrosa tendencia: sustituir la voluntad mayoritaria por el horizonte de una oligarquía política que suele (con)fundir sus intereses con los del pueblo norteamericano.

El escandaloso arribo de George W. Bush a la Casa Blanca, en medio de una lluvia de impugnaciones del candidato presidencial demócrata, es más que la acentuación de una tendencia estructural. En rigor de verdad pone la legitimidad del sistema en una zona gris. Como la violación de los derechos políticos de los ciudadanos de Florida se ejecuta respetando las formas jurídicas – la Suprema Corte del estado resuelve en definitiva – se construye una irresistible tensión entre legalidad y legitimidad, entre una práctica política que expulsa ciudadanos empobreciendo su estatuto, y la necesidad de contar con el respaldo de la mayoría para una eficaz acción gubernamental.

Es posible sostener que este análisis incurre en un exceso de sutileza. Que la mayoría abrumadora de la sociedad norteamericana no percibe esa tensión. No comparto ese punto de vista. El inusual éxito de taquilla de un documental como Farenheit 9/11 la pone de manifiesto. Tan elevada concurrencia de público – fuera y dentro de los Estados Unidos – sitúa en el ojo de la tormenta el sistema de privilegios de una casta política. Entonces, la posibilidad de rehacer la ingeniería política de la sociedad norteamericana, como en el pasado lo hiciera Abraham Lincoln en una dirección democrática, se vuelve deseable y políticamente eficaz.

Es obvio que la derrota electoral de Bush en las próximas elecciones presidenciales es una condición insoslayable para el avance de esta perspectiva. Por tanto, más allá de nuestros acuerdos o diferencias con el candidato demócrata, esperamos que una catarata de votos y votantes construya un límite que ponga en crisis a la acicalada e irresponsable oligarquía de Washington.


Alejandro Horowicz es ensayista, analista político, y profesor titular de "Los cambios en el sistema político mundial", sociología, Universidad de Buenos Aires. Autor de Los cuatro peronismos. Historia de una metamorfosis trágica, Diálogo sobre la globalización, la multitud y la experiencia argentina (con Antonio Negri y otros), editor de La otra historia, de Roberto Cirilo Perdía, Confesiones de un general, de Alejandro Agustín Lanusse, La Patagonia rebelde, de Osvaldo Bayer, El capital tecnológico, de Pablo Levín, director de proyecto de la Historia crítica de la literatura argentina, a cargo de Noé Jitrik. El tomo 1 de El país que estalló. Antecedentes para una historia argentina (1806 - 1820) saldrá publicado por editorial Sudamericana en octubre y el tomo 2 durante el 2005. Actualmente trabaja en La mayoría amorfa. Ensayo sobre la decadencia nacional (1976 - 2001) que publicará Edhasa.