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[Page 4: Desobediencia simbólica:Performance, participación y política al final de la dictadura fujimorista]

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"Pon la basura en la basura"

Luego del destape del primer "vladivideo" -donde se mostraba la compra de un congresista opositor para que se pasara a la bancada oficialista-, el grado de indignación ciudadana fue muchísimo mayor y, a través de lo grotesco de dichas imágenes, la sociedad peruana tuvo que enfrentarse a una imagen totalmente degradada de sí misma: una especie de espejo donde el país podía reconocer el lado más perverso de su identidad y de su historia. En ese video (y en los muchos otros que siguieron días después) se mostraba no solamente la verdadera realidad de la mafia fujimontesinista sino algo mayor (y mucho más trágico) que se relacionaba con toda nuestra cultura y que nos interpelaba sin compasión. (8)

Desde ese momento, para el Colectivo Sociedad Civil el objetivo se volvió mucho más claro y había que comprometerse con él de una manera rápida y contundente: ya no se trataba solamente de derrocar al régimen de Fujimori y Montesinos sino, sobre todo, de generar un gran movimiento ciudadano que pudiera acabar con la impunidad histórica en el Perú y meter a la cárcel al presidente y su asesor. La performance que pasaré a comentar fue sustancial dentro de la lucha política de aquellos días pues ella (proponiéndoselo o no) pudo canalizar toda la violencia que la población peruana experimentaba y que comenzaba a manifestarse de múltiples maneras.

Bajo el lema "Pon la basura en la basura," la idea consistió en el reparto de más de 300,000 bolsas de basura con las fotos impresas de Fujimori y Montesinos quienes se encontraban vestidos con el conocido traje a rayas de presidiario común. Tal vestimenta era simbólicamente muy importante porque ella articuló dos significados hasta entonces socialmente desvinculados: éstos son, "terrorismo" y "corrupción." En efecto, a partir del recuerdo de las presentaciones de los terroristas capturados durante los primeros años del régimen, el objetivo de esta performance consistía en que la gente asociara que los males del terrorismo realmente podían compararse con los de la corrupción (es más, que la corrupción era una forma de terrorismo) y que si unos ya estaban en la cárcel a los otros les debería esperar el mismo destino.

Producida a manera de lo que en la tradición latinoamericana se ha venido llamando un "escrache," "Pon la basura en la basura" consistió, como su nombre lo indica, en embasurar tanto las instituciones más emblemáticas del régimen (el Canal 2, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas) como también las casas más conocidas de los políticos fujimoristas como un acto de protesta e indignación frente a todo lo sucedido. Hay que subrayar que las bolsas no llevaban basura adentro y que solamente estaban llenas de papel periódico o de aire algunas veces. Sin embargo, fue en la casa de la congresista Martha Chávez (responsable continua del bloqueo sistemático de las investigaciones contra la corrupción) donde los excrementos aparecieron volando por los aires pero nada menos que saliendo desde su propia casa. Nadie sabe cómo, pero aquel ritual terminó con el asombroso descubrimiento de la gran cantidad de basura que almacenaba en su hogar y que fue arrojada a los ciudadanos que habían ido a protestar poderosamente delante de su casa.

Sin embargo, el embasuramiento más notable fue el de la casa del entonces Vice- presidente de la República, Arnaldo Márquez, porque se produjo en un momento de trascendental importancia política. El 19 de octubre Fujimori ya se había fugado del país y el día 22, en un representativo gesto de hegemonía técnica y mediática, renunció por fax desde Japón. Su huida fue el punto culminante de una personalidad mafiosa que no encontró otros medios para afrontar los increíbles destapes que ya un sector del periodismo y de la sociedad civil comenzaba a producir sobre su gobierno. Ese día, el de su renuncia desde el Oriente, Márquez afirmó que su persona era capaz de conducir el país hacia una transición democrática y aquello no significaba otra cosa que una posible continuidad de la mafia en el poder. Por ello, el Colectivo Sociedad Civil decidió embasurarle su casa durante toda la noche y este acto fue entendido como un especie de advertencia de lo que podía sucederle en los próximos días si continuaba reproduciendo la terquedad del régimen. (9)

Por todo ello, al día siguiente, resignado, y ante una presión mayor que ya se había articulado desde múltiples posiciones, Márquez renunció al cargo y en pocas horas el Dr. Valentín Paniagua fue elegido como el nuevo presidente del Perú. Un día después de su elección y acompañado nada menos que por Javier Pérez de Cuellar, Paniagua -en un gesto realmente histórico- salió a la puerta del Palacio de Gobierno para recibir de manos de la gente del "Colectivo Sociedad Civil" una bandera peruana no sólo realmente limpia (antes se había convocado al último "lava la bandera"), sino además debidamente planchada y cosida como el símbolo de una gran victoria política, vale decir, de la recuperación formal-democrática en el país. (10)

Si Lava la bandera significó la apropiación del espacio público entendido como el lado más visible de la corrupción social, Pon la basura en la basura apuntó hacia la esfera privada como otro lugar donde la mafia también había anclado sus redes y ensayaba muchas de sus estrategias. Por ello, ambas performances constataron el descentramiento astuto de las lógicas del poder contemporáneo y propusieron la necesidad de combatirlo apuntando hacia múltiples direcciones. En efecto, si la basura ha estado impregnada en el Perú desde tiempos inmemoriales, al final del siglo XX, los peruanos llegamos a un extremo tal que muchos comenzamos a sentir que realmente estábamos ahogados en el medio de la mierda.

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