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Siete momentos
en la vida maya:
Performance, Turismo, e Identidad Maya en Yucatán
by Tamara Underiner
A través del ejemplo de un evento turístico
que tuvo lugar entre 2003 y 2004 en Ticopó, Yucatán,
este ensayo explora las maneras en que el turismo estructura las
relaciones entre identidad individual y el “otro;” entre
lo local y lo internacional; entre teatro, ritual, y fiesta; entre
la autenticidad y la invención. En particular, me interesa
explorar las maneras en que ésto ocurre en la Península
de Yucatán, donde el turismo también estructura la
realidad material para muchos mexicanos no solo de la Península,
sino también en todo el país. En este contexto, ¿de
qué manera sirven las performances – que existen aparentemente
para satisfacer el deseo turístico para acceder a una vista
del México real “detrás del escenario”
– para estructurar relaciones interiores de visibilidad e
identidad? Mi investigación se radica en una exploración
de Siete momentos en la vida maya, un espectáculo teatralizado
de la vaquería, fiesta tradicional de muchas comunidades
maya en la Península. Este espectáculo, creado por
miembros del Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena,
fue auspiciado por el Departamento de Turismo estatal para visitantes
locales e internacionales de Mérida, Yucatán. Éste
incluyó más de 470 actores/bailarines indígenas,
y estuvo basado en años de investigaciones etnográficas
conducidas por maestros – algunos maya, y otros no –
del grupo LTCI. Resultó en una obra de 70 minutos que condensó,
e hizo estética de algo que en la práctica lleva una
semana cumplir: mezcla elementos pre-colombinos y coloniales con
elementos de la vida actual de relaciones sociales y de género
-- incluyendo la plantación del ceibo (árbol sagrado),
la procesión de los gremios, una lucha de toros, la danza
de la jarana – todo marcado por la música de Mozart.
El público consistió en familiares y amigos de los
participantes, visitantes de los centros urbanos de Mérida
y Valladolid, y turistas internacionales – incluso investigadores
académicos y representantes de comunidades indígenas
de todas partes del hemisferio. Según los creadores y los
participantes, el proceso de montar algo tan grande sirvió
a la misma vez para re-valorar la historia local de las comunidades
que participaron, pero no falta crítica sobre ésto
por parte de otros miembros de las mismas comunidades, y de afuera
también. ¿Cómo, entonces, se puede ver este
performance como registro de las varias maneras en que la economía
turística (tanto de representación como de recursos
financieros) se cruza con esfuerzos comunitarios con fin de autonomía
y auto-representación? Los estudios y conceptos que me ayudan
al empezar este estudio incluyen los de Guillermo Bonfil Batalla
(teoria de control cultural, que trata de inequidades de poder en
transacciones culturales y performativas); la concepción
de “etnicidad turística” de Robert E. Wood (que
comprende el turismo como campo de operaciones en que las relaciones
étnicas se estructuran en términos tanto de auto-expresión
como de consumación); y el trabajo de Barbara Kirshenblatt-Gimblett,
en particular su énfasis en las exposiciones etnográficas.
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