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Eréndira a caballo. Acoplamiento de cuerpos e historias en un relato de conquista y resistencia.
Ana Cristina Ramírez Barreto


Abstract (English | Español)

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...el cuerpo es el centro de las estrategias narrativas que se establecen en las artes visuales, ya que es la sede la experiencia sensorial, que permite la construcción y reconstrucción de significados en estas obras.

Karen Cordero Reiman (2004:61)

Hay importantes estudios que abordan las figuras femeninas del nacionalismo mexicano. En ellos se suele destacar el binomio Malinche-Guadalupe, “nuestra primera madre sospechosa” (Glantz 1994:16) y la virgen santa. Pero hasta ahora es poco lo que se sabe de Eréndira, la heroína que muy probablemente sólo existió como uno de los toques de ficción con los cuales Eduardo Ruiz, el abogado y escritor liberal michoacano, noveló el documento histórico conocido como Relación de Michoacán o Códice Escorial. Es probable que Ruiz se haya figurado a Eréndira como la imagen en negativo de doña Marina; aquélla, dueña de sí, patriota, con ideas propias, casta y nulípara, en frontal contraste con la Malinche, a quien la historiografía liberal decimonónica marcaba como traidora y puta (Manrique 1994:248). Eréndira es una heroína sin sospecha, impecable, casi inverosímil. 

Por ahora no será posible detallar esta imagen especular de doña Marina que es Eréndira. Introduzco algunos antecedentes literarios de esta "primer heroína" anticolonialista por quien el general Lázaro Cárdenas manifestó una fuerte inclinación, la cual se expresó en su voluntad de nombrar Eréndira a sitios muy queridos por él y en la existencia de algunos murales que representan a Eréndira a caballo.

En 1950 donó la Quinta Eréndira de Pátzcuaro, su "refugio en días placenteros y en ratos amargos" (Vargas 2005:95) para que la UNESCO estableciera ahí su primer Centro Regional de Educación Fundamental para la América atina (CREFAL), con el objetivo de preparar docentes e investigadores en educación fundamental enfocada a la problemática educativa de los grupos marginados desde perspectivas regionales. Desde 1951 este centro ha recibido a investigadores, maestros rurales, alfabetizadores de América Latina y el Caribe. En este punto de confluencia de individuos y organizaciones con la misión de "construir, mediante la educación, un mundo más justo y humano",2 es difícil no ver imágenes de Eréndira en el nombre de la Quinta, en el mural de la sala de banderas, en el relieve de cantera de la fuente de la entrada principal y en una de las bancas del jardín. Está muy presente en el ambiente y es muy probable que de ahí se difundiera el gusto popular por el nombre. Lázaro Cárdenas también impuso el nombre de  Eréndira a un terreno costero de su propiedad, aledaño al Puerto Lázaro Cárdenas, en Michoacán.

A inicios del siglo XXI, siendo gobernador de Michoacán el antropólogo Lázaro Cárdenas Batel (n. Jiquilpan 1962, nieto de Lázaro Cárdenas del Río), se reitera su difusión con énfasis épico, indigenista, feminista y anticolonialista: el Instituto Michoacano de la Mujer promovió en 2004 la creación de la Presea Eréndira para distinguir a mujeres y, al parecer, a varones por sus contribuciones en pro de la equidad. Por su parte, la Secretaría de Cultura del mismo gobierno instauró a partir de 2005 el Premio Estatal de las Artes, también con el nombre de Eréndira.

¿De dónde viene el nombre, aplicado como nombre "de pila" a una mujer? Hasta ahora, la primera referencia escrita en este sentido la encontramos en la obra de Eduardo Ruiz.  Eréndira es el título de uno de los relatos que publicó Eduardo Ruiz (n. Paracho, Mich., 1839-1902) en Michoacán. Paisajes, tradiciones y leyendas3. Ruiz fue en su momento un importante político liberal, ministro de la Suprema Corte, historiador y escritor; combatió contra la intervención francesa en lo que fue llamada nuestra "Segunda Independencia". Su narración sobre la dominación y la rebeldía ante el invasor europeo en el siglo XVI –donde enmarca a esta interesante heroína– está filtrada por su propia experiencia rebelde ante el invasor europeo en el siglo XIX y los "traidores" que lo aclamaron. A su vez, esta narrativa ha sido recuperada, proyectada y amplificada por el impulso ideológico posrevolucionario. En esta última etapa la imagen literaria de Eréndira se continúa en arte público (algunos murales en Michoacán) y sirviendo de nombre "de pila" a más mujeres que las así llamadas antes de que entrara la tercera década del siglo XX (esto a pesar de que es un nombre pagano, no católico). Así pues, Eréndira es un nombre que aparece, subsiste y reaparece en tiempos difíciles, tiempos de combatividad, destrucción y propuestas de reconstrucción. Asimismo, la leyenda de Eréndira es un relato de rebeldía, pasión, traición y alianzas entre fuerzas antagónicas que en algún momento parecían irreconciliables.4

Las imágenes de esta Eréndira a caballo nos son accesibles en virtud de su condición de arte público. Tal condición posiblemente se inició con el mural "Historia de Michoacán" de Juan O'Gorman en la Biblioteca  Pública "Gertrudis Bocanegra", en Pátzcuaro pintado entre 1941 y 1942. Poco después, en 1943, Roberto Cueva del Río pintó un mural con en el mismo motivo (Eréndira a caballo) en la biblioteca de la Quinta Eréndira, también en Pátzcuaro, propiedad del general Lázaro Cárdenas del Río. Al donar Cárdenas la Quinta para el CREFAL en 1950, estos murales  (y quizá también los relieves en cantera, de autor anónimo y fecha desconocida) pasaron de ser ornato en propiedad privada a mensaje público, nacionalista, didáctico, precisamente en un centro educativo internacional. La otrora biblioteca donde se pintó el mural es hoy la Sala de las Banderas del CREFAL. Sin poder todavía confirmar las fechas y otros datos relevantes, debemos tomar en cuenta el mural del Auditorio del Centro Interdisciplinario de Investigaciones para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR/IPN) en Jiquilpan, Mich. (donde nació Lázaro Cárdenas del Río), cuyo edificio también fue casa particular del general Lázaro Cárdenas. Así pues, anticipamos algo que vagamente podremos reconocer como devoción cardenista por el personaje de Eréndira.

Se ha escrito bastante sobre la relación entre arte público e ideologías del Estado Mexicano posrevolucionario (Paz 1986; Acevedo 1986; Azuela 2001; Reyes 2002). La presente exploración aproxima a este mismo tópico las imágenes de una historia (la de Eréndira) que, a pesar de ser tan públicas como los murales de Rivera, Orozco y Siqueiros, no han sido tomadas en cuenta hasta ahora.

La iconografía de Eréndira a caballo abarca una rica gama de variaciones que son posibles sólo gracias a que la leyenda nos narra la acción de una mujer a caballo en circunstancias de gran peligro. Esto es, a diferencia de la imagen ecuestre masculina, la representación del cuerpo femenino cabalgando impone retos al artista plástico que debe resolver con su interpretación de cómo fue ese momento: a horcajadas o "a mujeriegas"5; en franco ataque o huyendo; como caballera6 o como dama. Las variaciones en los tipos de interpretación nos permiten atisbar en la tensión de simbolismos y significaciones que cada variante introdujo y, con ello, darle densidad política, histórica y cultural a la aparentemente simple interpretación del acoplamiento del cuerpo femenino indígena con el cuerpo de la bestia de otro mundo traída por los conquistadores.

1. Narraciones y visiones

Centrémonos en el pasaje que ha inspirado las representaciones plásticas: Eréndira a caballo que se encuentra en la obra de Eduardo Ruiz7. No haremos aquí un análisis del texto sino sólo su esbozo y énfasis en los pasajes claves:

"Eréndira" está dividido en seis partes: 1. "El comienzo de la conquista", 2. "La guerra", 3. "Humillación y venganza", 4. "La predicación del Evangelio", 5. "El sacrificio" y 6. "La Apoteosis". Cuenta que un grupo de guerreros repudió la sumisión del irecha o monarca p'urhépecha a los conquistadores españoles; en una fortaleza de Pátzcuaro estos rebeldes enfrentaron al ejército p'urhépecha enviado por el irechaTzimtzicha y que, además, estaba reforzado con cinco jinetes castellanos de las huestes de Cristobal de Olid. Los rebeldes ganaron esa batalla y se apoderaron de un caballo que sería ofrecido en sacrificio a los dioses.

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