Víctor Cartagena es un inmigrante salvadoreño que no es ajeno al dolor y a la pérdida. Un sobreviviente de la guerra que dividió a su país, Cartagena crea obras de medios mixtos que están embebidas de una nostalgia política, un lente teñido de sepia en el que retrata sujetos que son víctima de la falta de hogar, de las armas y el exilio. Trabaja con objetos que va encontrando- manchas de café, grabaciones, cuadros anatómicos y fotos de identificación- para crear piezas que se sitúan en el borde entre el caos del mundo real y la precisión del estudio. En una de sus obras llamada Happy New Year to My Friends (Feliz año a mis amigos), el contorno en tamaño real de un hombre sin hogar, dibujado en papel manchado con café, sostiene un cartel de cartón real. Un parlante sale de su boca desde donde surge un collage de grabaciones reales de personas, que aparecen primero como una cacofonía aleatoria, para lentamente ir revelando historias y canciones. Así se ilustra una condición humana. El sentimiento de no tener hogar es quizás la peor forma de destierro: despojado de dignidad, forzado al exilio en su propia tierra.

Aún en estos dibujos casi “genéricos” de personas, hombres y mujeres desnudos y calvos (como en su serie Anatomía de La Mentira), lo humano emerge como una brutal epifanía. Curiosamente, esto también ocurre en su serie de obras a partir de fotos de identificación salvadoreñas. Las típicas fotos de identidad latinoamericanas en blanco y negro, sin sonrisas y miradas apagadas, evidencian en su diseño la intención de ser “neutrales”. Para así poder, de esta manera, “identificar” objetivamente al sujeto portador de la tarjeta. Estas fotografías son diametralmente opuestas al bello trabajo de Sebastião Salgado, donde, por ejemplo, uno ve su capacidad extraordinaria para capturar la dignidad intacta de un sujeto que sufre la dureza de sus circunstancias. El trabajo de Cartagena con las fotos de identificación alcanza el mismo resultado, pero en virtud de su capacidad para presentar a los sujetos en un contexto que permite una verdadera “identificación”. Las dolorosas circunstancias bellamente documentadas de los sujetos de Salgado se convierten en la obra de Cartagena en metáforas políticamente cargadas.

Miles de pequeñas caras salvadoreñas nos miran desde un espacio de la galería, creando un muro de identidades que se disuelven en el exilio, la pérdida, la desaparición. Miradas vacías se vuelven extraordinariamente vivas, ampliadas y procesadas con luces intermitentes, o pedidos de ayuda atrapados dentro de frascos de vidrio.
Otros nos miran desde cajas de cartón iluminadas, de las del tipo correo de entrega inmediata.

Victor Cartagena ha contribuido con dos ejemplares de su trabajo con fotos de identificación a esta edición de e-misférica. Deseado/Indeseado fue diseñado como un ‘mural digital” de gran tamaño y fue montado sobre una pared en una concurrida intersección del barrio La Misión en San Francisco. Pequeñas fotos en blanco y negro fueron puestas dentro de Saquitos de Té, para evocar la realidad de muchos trabajadores migrantes. Ambas obras tratan acerca del destino que encuentran los migrantes de su tierra natal, El Salvador, y por extensión, de Latinoamérica, en Estados Unidos; un norte que miente, engaña, usa y desecha, la nostalgia por una ausencia de cosas presentes como la dignidad, el hogar y un poco de verdad.

—Roberto Varea