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Nupcias de Liliana y Jesusa: Felices y níveas las contrayentes enlazaron sus vidas

Felices y níveas las contrayentes enlazaron sus vidas
Nupcias de Liliana y Jesusa
Por Patricia Vega

Eran casi las diez de la noche del 14 de febrero cuando Claudia Hinojosa, la sacerdota oficiante, declaró a las felices y níveas contrayentes, Jesusa y Liliana, mujer y mujer:

-Habiendo aceptado respetar vuestros deseos y conscientes de que amar es hacer feliz a quien amas, podéis daros un beso para la prensa.

(Las ahora esposas, posaron desatando los destellos de los flashes de las cámaras fotográficas)

-Que esta unión de 20 años continúe para siempre bajo la advertencia de que si no es mejor cada día, mejor que se acabe. Quede aquí mismo firmada su separación sin violencia, sin rencor y sin hacerla de tos. Firmad esta póliza de divorcio.

Con esta boda emparentaron los dignos representantes de la más rancia aristocracia: los Rodríguez y los Felipe.

-Consumatum est. Podéis ir en paz en cuanto se libere a los presos políticos, se retire el Ejército y se firmen los acuerdos de San Andrés. Amén.

Estallaron los más densos aplausos de las 300 familias y algunas más: Lorenzano-López- Portillo; Aguirre-Liguori; Márquez-Padilla-Sepúlveda; Cano-Vega; Faesler-Malheiros; Ortiz-Ortega-Hinojosa, De la Lara-Best, González-Rocha... A las que se sumaron quienes acudieron sin acompañante, como Marta Lamas, Ricardo Pérez Escamilla, Elena Poniatowska, Eugenia León, Ignacio Toscano, Daniel Giménez Cacho, por mencionar sólo algunas de las personalidades que engalanaron con su presencia esta libérrima ceremonia.

Todo empezó unas horas antes con la foto oficial de las consortes: un casto beso ante las lentes de Lourdes Almeida y Heriberto Rodríguez. El fondo del estudio fotográfico - peluche de color rosa mexicano-, hace resaltar los vestidos de las novias diseñados y confeccionados en papel de china por el artista Humberto Spíndola -"el futuro de la moda está en el papel"-: el de Liliana, un modelo strapless, amplio y plisado a base de papeles de dos texturas para dar la idea del tema La espuma del mar, mientras el de Jesusa, Las rosas blancas, es más recto, muy en el estilo de María Victoria, drapeado y con un gran olán debajo de las rodillas y una estola de rosas. Dos atuendos realmente fa-bu-lo-sos que las novias morían por estrenar ante la oportunidad de reparar su "pecado" al transformar la unión libre iniciada hace 20 años en uno de los matrimonios más sonados de la época - "si las dos partes sumisas se quieren someter, pues que se sometan"- y sancionado por Voltaire: "el casamiento es un contrato del que los católicos romanos hicieron un sacramento, pero el sacramento y el contrato son dos cosas distintas; el contrato produce efectos civiles, el sacramento, efectos espirituales", esta es palabra de Voltaire, Diccionario Filosófico, tomo II, ediciones Temas de Hoy, S.A.

Ni las bodas de Thalía, Lucerito y Kate del Castillo pudieron igualar el conmovedor momento en el que las novias Jesusa y Liliana hicieron su feliz aparición, escoltadas, respectivamente, por doña Jesusa -mamá de la del mismo nombre- y por Paula Mónaco - sobrina de Liliana-, hasta que fueron depositadas ante el altar presidido por el retrato de las contrayentes elaborado por Lucía Maya. La marcha nupcial -Make our garden grow (hacemos crecer nuestro jardín)- corrió a cargo de los acordes de Leonard Bernstein, a quien se le ocurrió musicalizar el famoso Cándido, del multicitado Voltaire.

Con decirles que hasta corrió la especie, que esta cronista no pudo comprobar, de que la mismísima Julia Roberts quiso entrar a El Hábito, pero como las cónyuges no la conocían personalmente, se le pidió que pasara a retirarse, para decepción del público, que fue saludado por la sacerdota Claudia Hinojosa con su tradicional: "hola Ana Cristinaš, šhola Paulinaš, Vicente, Rodrigo, Lili y Jesu, doña Jesu y Paula, y todos los fieles asistentes y leales amigos de esta pareja".

Téngase presente que es tarea peliaguda y no cometido fácil el adentrarse en los significados históricos de este gran evento social para después expresarlos con soltura en unas cuantas palabras que lo resumen todo: "es la fuerza del amor la que supera todos los obstáculos", como escribiera Manuel Puig en Boquitas pintadas.

Luego fueron llamadas las madrinas: de lazo, Marcela Rodríguez; Lourdes Portillo y Ellen Gabin, de anillos (las esposas se los colocan y se retratan en la pose de Fontanbleu); Chaneca, la de los cojines aperlados en forma de corazón; Gabriela Rodríguez, la de arras (remplazadas después, por una eficiente tarjeta de crédito); Eugenia León, la de ligas; Mangarelli, la de zapato, y la madrina de varita y cucurucho: Diego Jaúregui, quien colmó de dones y buenos deseos a las desposantes.

Casi al final de la ceremonia, un angélical coro, encabezado por la Regina Orozco, entonó el Ave María, y como a las 22:35 horas Jesusa y Liliana, ya desenfundadas de sus trajes de novia, tiraron los tradicionales ramos que por la tarde habían ido a comprar a Tepito. Esta cronista agradece el honor de haber sido elegida para narrar los sucesos de la simpática y por muchos motivos inolvidable boda de Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez, que tuvo la virtud de congregar a un crecido número de personas, danzándose animadamente hasta altas horas de la madrugada en el primer día de san Valentín del México del siglo XXI. Se sabe de buena fuente que la pareja pedirá al Vaticano la anulación del matrimonio porque la noche de bodas no funcionó.

[Este artículo se publicó originalmente en el periódico La Jornada / This article was originally published in La Jornada newspaper: http://www.jornada.unam.mx/2001/feb01/010216/056n1con.html]{/jugaaccess}